Un juego entre la oscuridad y la luz, la realidad y lo fantástico, el teatro y la animación. Son algunos de los conceptos que se entrelazan y dan forma al trabajo de la compañía chilena Maleza.

Protagonista animado de “Un Poco Invisible”

Por Francisca Gubernatis

Sábado, ocho de la noche. Ya oscureció en Santiago y las calles del barrio Bellavista empiezan a llenarse de vida. El sonido de las batutas, risas, conversaciones y canciones de los más variados estilos inundan el ambiente. Pero en una calle un poco más apartada del epicentro del movimiento, también algo está comenzando. Alrededor de un centenar de personas de todas las edades se aglomeran dentro del TeatroCinema, revoloteando en la sala de 176 butacas en búsqueda de sus respectivos asientos. Esa noche, la función está casi en su máxima capacidad.

De repente, las luces generales se apagan. Todos quedan en silencio. La obra comienza y con ella, un juego entre la realidad y lo fantástico, entre el teatro y la animación. Las actrices han dado inicio a Un Poco Invisible, de la compañía Maleza, en donde los personajes de carne y hueso se funden en las imágenes stop-motion que son proyectadas en el escenario. Todos los elementos buscan ser uno, creando una ilusión, una obra de “teatro-animación”. Un concepto que a la fecha ya tiene 11 años de historia de la mano de Muriel Miranda y Hugo Covarrubias, los creadores y directores de la compañía.

Primer Acto: Experimentando entre dos mundos

“El concepto de teatro-animación nace con nuestra primera obra que es Maleza, que partió siendo una especie de ejercicio experimental que tenía Muriel con María José Siebald, un ejercicio teatral que requería algo visual”, rememora Hugo.

No obstante, la animación no sería su primera alternativa. La obra evolucionó de utilizar el recurso de la fotonovela a una representación de las actrices con muñecos. Pero, un día a Hugo se le ocurrió utilizar el stop-motion, idea que derivaría en la fórmula que los haría conocidos como compañía: la fusión del mundo de la animación con el teatro.

—De alguna forma, estaba bien claro que algunas partes iban a ser una especie de cortometraje doblado por las actrices en vivo y otras partes, mucho más teatrales. Entonces, yo me atrevería a decir que también en la práctica, cuando fuimos generando ciertas escenas, nos dimos cuenta de que había una necesidad de hacerlas interactuar, que era algo que se necesitaba, porque sino se convertía como en corto-teatro —recuerda Muriel.

—Y en ese tiempo habían hartas obras que tenían visuales. Pero era solo un acompañamiento. Nunca había una interacción real entre la animación con los actores. Entonces nosotros como que no queríamos que la animación fuera como un simple accesorio, sino que fuera parte de un todo— agrega Hugo.

En ese entonces, ninguno de los dos sabía mucho sobre cómo hacer stop-motion. Muriel era actriz de profesión y Hugo había estudiado diseño y sólo en su infancia había experimentado un poco con la animación. Para ir familiarizándose con la técnica y ahondar en una estética, comenzaron a ver las más diversas producciones. Fue así como los making-of de películas como Pollitos en Fuga y El Extraño Mundo de Jack se transformaron en algunos de sus profesores. Pero serían las producciones de los hermanos Quay, Jan Švankmajer, Jiří Trnka y Yuriy Norshteyn las que se conformaron como las grandes referencias de la compañía, aportando en el sello y estética de sus trabajos.

En paralelo al descubrimiento del stop-motion, otra búsqueda fundamental comenzaría: la del financiamiento. Primero postularon al Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes (Fondart). En esa oportunidad, no resultó. “Nos dijeron que este proyecto no se veía muy teatral, que era mucho más cinematográfico, que no era teatro”, recuerda Muriel. Pero no se rindieron. Luego postularon al Fondo Azul de la Universidad de Chile, obteniéndolo en 2004, año en que se pusieron manos a la obra.

—Después logramos ganarnos el Fondart del año siguiente. Como este proceso era largo, tuvimos la oportunidad de mandarlo de nuevo. Y nos ganamos este fondo, creo, porque mandamos unas pequeñas secuencias de vídeo mostrando lo que ya habíamos avanzado, para que nos creyeran un poco —agrega Muriel.

Luego de dos años de desarrollo, Maleza es estrenada en 2006 mostrando la oscura historia de Ana, una joven que vive encerrada en una casa al sur de Chile. En donde las escenas de animación van de la mano con el mundo interior de la protagonista y las escenas teatrales, con la representación de su realidad.

—Fue como la revelación del año, como “esta gente que mezcla stop-motion con teatro y no sé qué”. Y la gente se preguntaba si eso es realmente teatro. Y esa misma pregunta generaba expectación— afirma la co-directora de Maleza.

—Nos ganamos al tiro un público que no era el público acostumbrado ir al teatro, sino que era uno que mezclaba a los que venían del mundo del cine, del teatro, gente común y corriente, diseñadores, gente que le gustan los cómics…— recuerda Hugo.

Segundo acto: Lo bello y lo terrible. La técnica y la historia

Nadie habla, ni se mueve en la sala de TeatroCinema. Niños y adultos miran atentamente cada uno de los movimientos en escena de Muriel y Mariana Muñoz, quienes personifican a dos pequeños hermanos que tratan de lidiar con un “terrible suceso” que cambió sus vidas. Con doblajes y foley en directo, las actrices van emergiendo e interactuando con las imágenes de stop-motion que son proyectadas, como si todos los elementos fueran un todo, a medida de que muestran cómo uno de los personajes se está volviendo invisible.

—Esa representación de la invisibilidad está realizada de distintas formas… en algunos momentos mediante la luz el personaje se ve un poquito más oscuro. En otros momentos aparece con una sábana. Entonces hay momentos teatrales, hay momentos lumínicos y hay momentos animados donde el personaje animado es el personaje que se está volviendo invisible —aclara Hugo.

Esta invisibilidad fue uno de los grandes motivos por el cual el dramaturgo de la obra, Andrés Kalawski, llegó a la compañía Maleza. “Él sentía que la gente en el teatro le costaba mucho interpretar esa invisibilidad a nivel escénico. En cambio, con la animación podíamos proponer un mundo más mágico o tener más acceso al truco de jugar con el efecto visual. Nosotros leímos la obra y quisimos igual adaptarla un poquito a nuestro estilo, hacerla un poquito más oscurita”, recuerda la actriz.

Desde su comienzo hasta la fecha, la compañía ha creado y desarrollado cuatro obras teatrales: Maleza (2004), Pelícano (2008), El Living (2011) y Un Poco Invisible (2013). Todas ellas han seguido la línea y el tono que ha llegado a caracterizar estéticamente a sus producciones. “Es como un realismo-psicológico, con todas las luces y sombras que puedan tener”, comenta Hugo. Este concepto va ligado a los mundos internos de sus personajes, en donde suele vivir una oscura y fuerte pugna psicológica, la cual busca ser contrastada a través de lo visual.

—Cuando uno ve belleza estética y ve como luz en algunos momentos, pero la historia es más oscura, se vuelve mucho más dramático. Porque haces todo el rato el contrapeso entre la luz y la sombra. En el caso de Maleza, es eso todo el rato. Incluso está disfrazado un poco de cuento infantil y termina siendo una historia como cruda y un poco violenta —señala Muriel.

—Es como tratar de armar un paisaje mental a través de estas dos disciplinas que son el teatro y la animación, como representar estados mentales: ¿qué es lo que es real y qué es lo que no? O si todo es real y tiene distintos lentes, o sea hay uno que tiene lente de cámara y otro que tiene un lento óptico, que son tus propios ojos —enfatiza Hugo por su parte.

Tercer acto: Maleza Studio

El trabajo de Maleza no se ha delimitado en el área teatral. Al poco andar, Hugo y Muriel deciden ampliar los horizontes de la compañía. “Llegó un momento en que teníamos ganas de hacer un corto como sabíamos que ya le habíamos agarrado la mano a la animación”, afirma el diseñador. Desde ese momento, empezaron a buscar cuentos para adaptarlos. Hasta que llegaron al clásico latinoamericano El Almohadón de Plumas del autor uruguayo Horacio Quiroga.

—Mandamos un Fondart, pensábamos que no lo íbamos a ganar. Estábamos súper asustados. No entendíamos muy bien el Fondo Audiovisual, estábamos acostumbrados a los Fondart de Teatro. Ninguno había estudiado cine, entonces no teníamos el currículum necesario como para ganarnos el fondo audiovisual. Al final lo ganamos, yo creo que respaldados también en lo que habíamos hecho con Maleza. En ese tiempo había muy poca gente que hacía stop motion de forma profesional —recuerda el diseñador.

El cortometraje mantuvo el título del cuento original y fue estrenado en 2007, marcando un antes y después dentro de Maleza.

—Cuando empezamos el trabajo con los cortometrajes, de alguna forma sentíamos que esta era una compañía que se dividía en dos aristas y que una era como Maleza Studio y otra era Maleza Compañía de Teatro. Y que obviamente no teníamos porqué hacer sólo una cosa, si eran espacios diferentes para representar diferentes historias — asegura Muriel.

Fue así como continuaron experimentando. La siguiente vez no estuvieron solos, co-produciendo con Zumbástico y Filmosonido. Para este corto, mantuvieron la línea de cuentos latinoamericanos, escogiendo La Noche Boca Arriba del argentino Julio Cortázar. Pero, dieron un paso más allá: no sólo utilizarían el stop-motion, sino que lo rodarían en 3D estereoscópico, transformándose en el primer cortometraje chileno en utilizar esta técnica.

Para lograrlo, se usaron siete maquetas para cada uno de los ambientes y un soporte especial para llevar a cabo la tarea. Éste movía la cámara de lado a lado, sacando dos fotografías por cada fotograma, cada una de ellas correspondía a un ojo y era sacada con una distancia interocular predeterminada. Finalmente, en post producción, se unían ambas tomas para entregar la profundidad y se viera en 3D estereoscópico.

Luego de un rodaje de 11 meses y 28 mil cuadros fotografiados, La Noche Boca Arriba fue estrenada en 2012, participando en festivales como Stop-Motion Montreal, Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, Stop-Motion Brasil (Pernambuco), FIAUY (Uruguay) y en el Festival Internacional Chilemonos, donde obtuvo el primer lugar a mejor cortometraje Chileno 2013.

—Encontraba interesante que el Hugo haya querido hacer este corto estereoscópico cuando en verdad no se había hecho antes. Entonces, siento que somos una compañía que de cierta manera ha marcado precedentes y por lo mismo tenemos hartos desafíos. Como que en verdad una historia se puede contar de diferentes formas. Y que la diferencia entre los cortos y de las obras de teatro no es tanta—, señala Muriel.

Cuarto Acto: En gira

Otro concepto fundamental para la compañía es viajar a lo largo y ancho de Chile, tratando de llegar a la mayor cantidad de personas posible.

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Entrevista a Hugo Covarrubias en CHILEANIMADO

Entrevista a Maleza en CHILEANIMADO

Hugo Covarrubias y Muriel Miranda.

La Compañía interpretando “Maleza” (2006)

«El Almohadón de plumas» (2007)

Hugo Covarrubias animando “La Noche Boca Arriba”

Afiche de «Un Poco Invisible» (2014)

Compañía Maleza interpretando la obra “Un Poco Invisible” (2014)

—Se empieza a convertir en una necesidad no dejar el trabajo en un mismo círculo de gente y de lugar, sino que cuando lo compartes, el trabajo también se hace más interesante: otro tipo de público, llegas lugares con menos acceso. Entonces, de alguna forma, yo siento que desde que se creó la compañía Maleza, se ha convertido en la bandera: nos vamos a mover, vamos a tratar de viajar, vamos a tratar de llegar a rincones nuevos —asegura la actriz.

—Si uno no se preocupa de girar en Chile, jamás se van a profesionalizar los teatros y el mundo teatral, porque no le van a encontrar el porqué… uno tiene que empezar a girar para también generar audiencias y generar interés teatral, para que la gente le den ganas de estudiar teatro, de hacer teatro, de implementar espacios — señala Hugo.

A pesar de su importancia para Maleza, las más diversas ciudades de Chile no se han configurado como los únicos destinos de la compañía. Entre 2014 y 2015, Muriel y Hugo tuvieron la oportunidad de girar por primera vez en Sudamérica, visitando países como Colombia y Venezuela. Pero sus historias han llegado aún más lejos, participando en festivales en Francia y República Checa.

—Las giras han sido una experiencia súper buena… porque nos dimos cuenta de que estábamos haciendo cosas que a nivel mundial no se hacen. No hemos conocido otra obra que mezcle teatro con animación stop-motion. Afuera nos dicen que es la primera vez que ven esta mezcla. Entonces es súper bueno darse cuenta de eso y darse cuenta que uno tiene un público en República Checa, por ejemplo — afirma Hugo.

—Pero igual es interesante como la profundidad que se va ganando. Como que a veces nuestros discursos ya son cosas que hemos escuchado y hemos sentido que la gente le pasa al ver nuestro trabajo. Entonces como que por eso es tan importante esto de viajar, compartir con público. Y no sólo de viajar al extranjero, sino que viajar en Chile e ir a las diferentes regiones, porque cada público al que uno se enfrenta, aprende algo nuevo o se sorprende de una manera diferente —agrega Muriel.

—Y te haces preguntas que tal vez no te hacías —finaliza el diseñador.

Las actrices salen de escena y las luces del TeatroCinema se vuelven a encender. El público no para de aplaudir. Al terminar, la gente comienza a salir lentamente de la sala y enfrentándose con el otro elenco: una exposición de los muñecos que dieron vida a los personajes animados.

A finales de septiembre, toda la compañía, actores y muñecos, viajarán por tercera vez al Festival Internacional de Charleville Mezieres (Francia), donde esta obra volverá a presentarse y sorprender a un público de lo más variado. SM