El director de cine David Bisbano participó del Festival Chilemonos 2014 donde nos contó sobre su última película animada “Rodencia y el Diente de la Princesa”. La receta son las temáticas que rescatan lo latinoamericano, ser auténticos, contar historias diferentes y con elementos propios. Lo que quiere ver el mundo entero, según Bisbano.

Por Pamela Riveros Ríos

Cuando David Bisbano era un niño tenía la habilidad de impregnar en una hoja de croquis bosquejos de personajes, motivados por producciones como “La Guerra de las Galaxias” o “Akira”. Sin embargo, decidió encausar su talento en el live action. Trabajó en publicidad en Storm Films en Perú y Cinetauro de Argentina. A través de esta vía fue que Bisbano se reencontró con la animación. “Una de las formas nuevas que apareció en el cine fue el 3D, me interesó mucho apenas apareció y empecé a trabajar en eso en publicidad hasta que un día me llamaron para realizar un largometraje y allí ya no paré. Rodencia es mi segunda película animada”, cuenta.

Él escribió y dirigió “Rodencia y el Diente de la Princesa” la cual ha sido una de las películas más exitosas latinoamericanas -estrenada en más de 20 países y en los cines de todo Brasil, doblada en más de 5 idiomas como ruso, coreano, portugués, inglés, entre otros. Fue financiada a través de una coproducción entre Argentina (Vista Sur Films) y Perú (Red Post Studios), utilizando elementos netamente latinoamericanos, desde su producción hasta la misma historia. Para Bisbano esto ha sido la receta para que el resto del mundo muestre interés por ver un largometraje de gran nivel, en donde se rescate las historias propias de Latinoamérica.

David, ¿Cómo fue tu primera experiencia en la animación?

Yo hice una película animada que se llama “Valentino, el clan del can”, que es una película para niños peruana. Fue mi primera experiencia en la animación y que fue bastante caótica para mí porque me llamaron cuando el proyecto estaba andando, el otro director se había ido del proyecto y lo había dejado andando en la mitad.

Yo vivía en Argentina en ese momento y me llamaron de Perú, por recomendaciones y por mis trabajos en publicidad. La verdad es que sí, me interesó mucho y dije ‘bueno, es una oportunidad de aprender’.

Cuando llegué a Perú me encontré con una película de bajo nivel, donde se resolvió tirar todo lo que se había hecho y empezar de cero. Entonces un trabajo de dos años lo teníamos que hacer en 5 meses. Fue un trabajo muy arduo, muy fuerte.

Ese fue mi primer trabajo, lo cual para mí fue increíble porque fue aprender muchísimo, muy rápido, estar en contacto con muchos animadores, estar en la productora rodeados de varios artistas.

¿Qué concluyes de esta primera experiencia en un largometraje animado?

Fue básicamente encontrarme con una forma de trabajar que ya tenían impuesta los chicos por la productora, desaprovechaban el potencial de los chicos. La productora obligaba a que cada chico hiciera todo: guionista, modelador, animador. No era gente que había estudiado cine, no sabían del lenguaje cinematográfico.

Entonces nos juntamos en el patio y preguntamos ¿qué quiere hacer cada uno? Se volvió como una especie de escuela. Yo empecé a enseñarles los encuadres cinematográficos. Un día vino un chico a mi oficina a las tres de la mañana, porque no hay horarios en esa productora, y me dice ‘yo quiero ser director’. Entonces le respondí ‘bueno, vas a ser mi asistente, me vas a ayudar en todo lo que es la narración de la película’. Entonces él empezó a hacer los animatics de la película y de intercambio él me enseñaba cómo se manejaban los programas.

Y después vino “Rodencia”, que es como un cuento de hadas porque la productora Alpamayo Entertainment nos pidió que termináramos la película “Valentino” en cinco meses, con la promesa después de darnos “Rodencia” dos años o el tiempo que estimemos para hacerla bien.

Cuando llegó el momento de hacerla, hicimos un pequeño tráiler con los chicos que habían aprendido animación, animaban mucho mejor que al principio. Le mostramos a la misma productora a lo que podíamos llegar y más todavía. Y la productora a cambió nos dio la noticia que cerraba… y de que “Rodencia” no se hacía.

Quedamos todos básicamente en la calle. Estaba muy deprimido y ya quería volver a Buenos Aires, me habían sacado un proyecto al cual yo había apostado a un año de mi vida.

Un mes después de estar haciendo publicidades de nuevo, me llama un productor y yo le pregunto ‘por qué me está llamando a mí, de donde me conoce’ y dijo ‘yo vi un tráiler de unos ratones, de “Rodencia”, y me gustó, la compré y quiero que la termines’. Fue ‘¡wow!’. Empezamos a llamar a todo el mundo, a todos los chicos, nadie la podía creer.

Rodencia ha tenido éxitos en muchos mercados, ¿qué es lo que llama la atención de este largometraje?

Cuando a mí me plantearon hacer “Rodencia” yo tenía muy claro un objetivo que era hacer una película de animación latinoamericana, en el sentido no solo de realizarla en el continente, sino que también hable de este. Que cuente un nuestra historia, que muestre paisajes, parte de la cultura y hacer de toda Latinoamérica un reino. Por eso es Rodencia es juntar todo en un reino, que está apoyado en una leyenda latinoamericana que es la del ratón de los dientes, ratón Pérez.

Segundo, hacer una película que me guste a mí; no me interesaba que le gustara a los productores, a los distribuidores, yo quería una película que cuando la viera fuera sincera y que a mí me hubiera gustado ver en el cine. Y por tercero era que no se parezca a nada que yo haya visto. “Rodencia” tenía que ser algo en que yo viera un fotorama y dijera ‘¡Ah! Esto es Rodencia!’.

Eso fue una lucha y una búsqueda de un estilo de imagen, un estilo narrativo y un estilo de la historia en sí que fuese muy de acá. Y cuando logramos la película, nos dimos cuenta que todo el mundo estaba interesado en “Rodencia” por eso, hablaba de algo tan local. Cuando la veían los coreanos decían ‘Uy!, es ver Latinoamérica en 3D, nunca nadie había hecho esto, siempre veo a Estados Unidos, o Londres, pero nunca había visto Cuzco o México. “Rodencia” mezcla todo y cualquier persona en Latinoamérica puede encontrar elementos que lo identifiquen. Eso fue el trabajo más grande que hicimos en arte.

Y nos dimos cuenta de eso, que venían los franceses y les gusta porque hablaba de Latinoamérica. Cuando la estábamos haciendo nos decían todo lo contrario ‘no, a nadie le va a interesar porque es muy latinoamericano’.

La película se vendió a más de 20 países de forma comercial y para mí fue una alegría increíble. Viajé a la India, ver la reacción del público y después las preguntas de los chicos que quieren saber dónde queda ese lugar. Para ellos Latinoamérica es al otro lado del mundo como para nosotros la India. Y preguntan ‘¿cómo es eso de los dientes?’ porque ellos no conocen esa leyenda. Y había como un interés sobre este lado del mundo que estaba buenísimo. Que era mi idea con “Rodencia” desde el principio.

¿En qué proyectos trabajas ahora? ¿Continúas rescatando lo latinoamericano?

Estoy trabajando en dos proyectos, pero uno es de animación, donde estoy juntando toda mi experiencia en cine, volviendo a tener una imagen especial. Entonces estoy trabajando con maquetas, un mundo medio extraño y habla básicamente de la literatura latinoamericana, los cuentos fantásticos, la imaginación de nuestros autores. En eso estoy hace varios años. Antes de terminar “Rodencia” yo ya estaba empezando a trabajar en eso.

Estoy en la parte de guión y toda la parte de arte, que lo trabajo a la vez, escribo y dibujo, voy complementándome de esa manera. Estamos haciendo un tráiler para ir a buscar fondos y ver cómo lo podemos financiar. La película ya tiene una coproducción, porque estamos asociados con Perú, con estudio Golem, que se formó a partir de “Rodencia”, entonces los animadores se juntaron y formaron un estudio de animación propio y apenas salió la idea de esta película se las propuse.

¿Cómo se logra en Latinoamérica una industria de animación? ¿La coproducción es el camino?

Latinoamérica está a un paso de explotar, de hacer un boom y ser libre nuevamente. En “Rodencia” a mí me interesaba mucho la historia porque habla de la llegada de los españoles, de una conquista, que yo todavía siento ese peso que no nos podemos liberar.

En la animación nos tienen frenados de alguna manera y para mí la manera de zafarse de eso es no copiar, no querer algo que no es nuestro, que no es propio y buscar la manera propia de hacer películas. Yo siempre trato de decirle a la gente que me encuentro es que ‘no copies lo que se hace en Estados Unidos, lo que se hace en Europa, haz tu propio estilo’. Lo que necesitamos es tener historias buenas, proyectos buenos, y gente que realmente le ponga corazón, y los lleve adelante y los terminé.

Eso es lo que le falta a Latinoamérica, olvidarse y ser propio, ser auténtico y hablar de lo que le pase a tu vecino, que es lo que el mundo quiere escuchar, no quiere ver o escuchar una copia de algo que ya vio en otro lado del mundo. SM

Poster »Rodencia y el diente de la Princesa»

Escena »Rodencia y el diente de la Princesa»

Edam

Storyboard a color 

Escena »Rodencia y el diente de la Princesa»

Escena »Rodencia y el diente de la Princesa»

Brie

Escena »Rodencia y el diente de la Princesa»