Su modo de trabajar dista del común en Chile. A través de su productora Diluvio, Cristóbal León y Joaquín Cociña han realizado tres cortometrajes de suspenso en stop-motion, utilizando una pequeña habitación para poder contar una historia. Con un equipo de trabajo reducido, ellos apuestan por crear y exhibir su trabajo en espacios poco convencionales para la animación.

Por Pamela Riveros Ríos
Editado por Pilar Subiabre

Articulo reeditado para la edición especial de Solomonos Magazine

Entrando al estudio de León & Cociña uno ya puede notar la diferencia. Por fuera, parece ser que es una gran casa ubicada en Marín con Condell, en Providencia. Sin embargo, dentro, ellos utilizan sólo una pequeña habitación de 10 metros cuadrados ubicada al costado izquierdo. Ahí realizan y experimentan con la animación, el dibujo y la instalación artística, gestando proyectos que han sido reconocidos y alabados a nivel internacional.

“La verdad es que no sé si nos interesa mucho crecer ¿Por qué siempre se asume, a priori, que hay que crecer? ¿Por qué tenemos que crecer? ¿Por qué hay que estar creciendo todo el rato? Yo no entiendo mucho esa idea”, señala Cristóbal, y agrega “Siento que lo artesanal es el espacio que hemos estado defendiendo y que hemos mantenido”.

Cristóbal León y Joaquín Cociña se conocieron en los pasillos de la Pontificia Universidad Católica de Chile, cuando estudiaban Diseño y Artes, respectivamente. Un día, Joaquín exhibió sus dibujos a  carboncillo y Cristóbal, que ya se encontraba experimentando con la animación, inmediatamente pensó que tenían que hacer algo juntos.

Lo primero que surgió fue la idea de crear un cortometraje basado en esos dibujos, utilizando la técnica del stopmotion, es decir, cuadro por cuadro. “Cuando comenzamos con ‘Lucía’ tuve la sensación y certeza que nos estábamos metiendo en un terreno en el cual yo no entendía nada, pero me gustaba”, señala Joaquín respecto al primer cortometraje en que se embarcaron como dupla. Así nació León & Cociña, dúo que actualmente se destaca en las artes visuales desarrollando conceptos audiovisuales.

Parte de la técnica que emplean ha surgido de la experimentación y aprendizaje que obtienen el uno del otro al realizar estas piezas de animación en conjunto: “empezó a pasar que el trabajo comenzó a funcionar bien. Nos gusta trabajar juntos. Hemos aprendido a convivir con nuestras diferencias y ha sido fluido en ese sentido”, agrega Joaquín.

El laboratorio Diluvio

“Lucía” fue el punto de partida para el nacimiento de la productora Diluvio, un pequeño equipo compuesto por los directores Niles Atallah, Joaquín Cociña y Cristóbal León. Cuando formaron la productora, tenían claro que el concepto detrás de sus producciones sería de “laboratorio”, es decir, probando resultados.

El primer cortometraje consistió en la intervención de una pequeña habitación donde aparece y desaparece el personaje de Lucía, dibujada en carboncillo. Ella surge en las paredes contando un perturbador relato, movilizándose por todos los rincones. Su silueta es dibujada cuadro por cuadro, registrando con una cámara digital sus movimientos, en un trabajo que consiste en ir borrando el desplazamiento realizado. Esta mezcla de técnicas produce una sensación sombría y que este personaje va sugiriendo a través de la inquietante historia que le aqueja.

El susurro de la voz de una niña que va relatando sus propias vivencias y fantasías es acompañado de objetos que se movilizan dentro de la habitación, como flores, basura, tierra, cartón y madera. A medida que el relato transcurre y la historia se va tornando abrumadora,  los objetos van componiendo un caos en el espacio.

“Originalmente postulamos a un FONDART, del cual no obtuvimos respuesta a tiempo. Como venía la exposición, tuvimos que financiar el cortometraje de nuestro bolsillo. Después nos enteramos que nos dieron el fondo, así que decidimos hacer la segunda parte con esa plata”, puntualiza Cristóbal.

Tras la realización de “Lucía” recibieron el Gran Premio del Jurado en el 1er Festival Iberoamericano de ABC.es, seguido de un sinnúmero de reconocimientos en Francia, Suiza, Austria, Estados Unidos, Alemania, Estonia y Chile.

Forma auténtica de producción

Con la producción de “Lucía”, Cristóbal y Joaquín apostaron por trabajar en su pequeño taller, pero también movilizaron esta habitación a espacios de exhibición de arte, como museos y galerías, con el fin de que el público viera in situ el trabajo que se realiza tras estos cortos; entendiendo, además, que su forma de construcción consiste en materiales manuales, como carboncillo, tierra, madera, y los objetos de la habitación. La propuesta fusiona la proyección fílmica con la instalación artística.

Esta manera de trabajar la desarrollaron conciliando sus visiones artísticas, experimentando juntos y procurando estar lejos de los estereotipos y formas que se imparten en las escuelas. Para ambos, lo más importante es estar presentes e inmersos en el proceso para poder disfrutarlo.

Cristóbal sostiene: “hemos aprendido en el hacer, que es la manera en que me gusta aprender. No me gusta sentarme y aprender metodológicamente. Al final, terminas adoptando el modelo de otro, y eso es algo que a nosotros no nos gusta”.

En esta experiencia, tanto el proceso de elaboración artística como el período de producción, tienen el mismo nivel de importancia. Por eso, procuran trabajar en equipos reducidos. “Hay varias razones, pero hay una que es emocional: nos gusta cuidar la energía del momento de trabajo. A veces se dispersa si hay mucha gente y te distraes. Nos sentimos más cómodos nosotros solos”, enfatiza Cristóbal.

Su segundo cortometraje, “Luis”, es la continuación de la serie “Lucía, Luis y el Lobo”. Con “Luis” es posible acceder a otra versión de la misma historia y entender la relación que este personaje tiene con Lucía. De forma similar, la perturbadora narración de este niño que aparece y desaparece en las paredes durante el relato, va transformando el lugar, dando vida a un orden y un caos constante, dentro de una desastrosa habitación. Al igual que en “Lucía”, el relato desde una voz infantil genera una difusa línea entre la realidad y la imaginación, frente a lo que el personaje nos quiere narrar.

Esta pieza audiovisual ganó el “Grand Prix” y “Audience Award” en el Festival Court-Bouillon en Francia, entre otros premios, repitiendo la misma experiencia que con el primer cortometraje de esta saga.

Entre los años 2010 y 2013 realizaron otra serie basada en stop-motion, denominada “El Tercer Mundo”, de donde nació “Padre.Madre”, “El Templo”, “El Arca” y “Los Andes”, esta última con reconocimiento en el festival Internacional Chilemonos 2014, ganando el premio Mención Especial por parte del jurado en la categoría Cortometrajes Nacionales.

Una nueva experiencia en la animación

“La Casa Lobo” sería el tercer cortometraje y última parte de la serie “Lucía, Luis y el Lobo”. Sin embargo, el desarrollo de una idea más consistente los hizo replantear sus posibilidades y, esta vez, apostaron por lanzarse con un largometraje. “La idea que surgió como inspiración fue la ‘Bella y la Bestia’. Era una historia de dominación, donde la Bestia intentaba mantener a Bella en la casa, a través de la fuerza, ocupando el remordimiento y la lástima”, explica Joaquín. A partir de aquí, la trama evolucionó hasta convertirse en la historia de María, una joven que escapa de una comunidad de fanáticos religiosos y encuentra refugio en una casa en el sur de Chile. Inspirados en el caso real de Colonia Dignidad, el personaje deberá enfrentar las culpas que dominan su consciencia.

El espacio de exhibición fue pensado para museos y galerías, tanto en Chile como en el extranjero; y tal fue su fascinación por el proceso de la obra, que decidieron convertir esta experiencia de producción en una instalación en sí misma, trasladando su taller al Museo de Bellas Artes, al MAC de Quinta Normal, al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y al Centro Cultural de España, entre otros. Allí el público ha podido presenciar en vivo el Making of de su trabajo y la propia creación del largometraje.

“Sabemos que queremos hacer cine y la animación ocupa mucho de nuestros corazones, cabeza y tiempo”, señala Joaquín Cociña. “Creo que me siento cómodo en este espacio, de la animación y su periferia”, concluye Cristóbal León. Las ansias de exploración y búsqueda artística de este dúo son insospechadas, llevando a la animación hacia nuevas dimensiones. SM

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Trabajando en “La Casa Lobo”

Decálogo de “La Casa Lobo”

Taller de “La Casa Lobo”

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