A través de los años, el portafolio de Santiago BOU ha sobresalido en los festivales alrededor del mundo. En su visita a Chile, el animador habló sobre sus cortometrajes y sobre el estado en que se encuentra la animación latinoamericana.

Por Francisca Gubernatis

Detrás de sus anteojos redondeados, su mirada sigue sigilosamente cada uno de los trazos que hace su lápiz al dibujar. Ya han pasado, tal vez, seis horas desde que Santiago BOU (36) empezara su jornada laboral y es el momento de guardar sus lápices y volver a su hogar. Su cuerpo siente el peso del cansancio, pero al llegar a casa, su trabajo aún no ha concluido del todo. Se vuelve a sentar en una silla giratoria negra y su labor comienza una vez más frente a su mesa de dibujo. Pero esta vez, sus bosquejos toman un aire más personal, alejados de los pedidos que le hacen diariamente en la oficina. Durante tres años, BOU y Patricio Plaza repiten esta escena, con algunas variantes asociadas: layout, animación, intermediación, pulido, escaneado, coloreado y posproducción. Tres largos años que dan como fruto al cortometraje argentino “El Empleo” (2008), una animación realista que explora un terreno surrealista bajo la idea de Patricio sobre el hombre-objeto.

El cortometraje no buscaba ganar festivales, pero aún así fue galardonado por la crítica especializada y hasta la fecha, ha obtenido más de un centenar de premios alrededor de todo el mundo, entre ellos el otorgado por la Federación Internacional de Críticos de Cine (Fipresci) en el Festival Internacional de Animación de Annecy 2009.

Historia que, de alguna forma, se replica años después con su siguiente trabajo: “Padre” (2013). Bajo la técnica del stopmotion, esta animación muestra la relación entre un padre y su hija en tiempos de la dictadura militar. Hasta la fecha, esta producción bordea los 80 premios, estuvo preseleccionado a los Premios Oscar y participó de Annecy 2014, siendo el único representante sudamericano entre los participantes de la Competencia Oficial.

Dos cortometrajes que, a simple vista, no tienen nada en común en lo visual. Pero que forman parte del portafolio que ha llevado a Santiago BOU a ser uno de los directores de cine de animación argentino más premiado a nivel internacional.

—¿Qué experiencias rescatas de tus inicios en la industria de animación?

—Me acuerdo que el primer trabajo que hice fue unas de las películas que se hizo en Argentina después de un buen tiempo en que no habían muchas películas animadas, que se llama “Condor Crux”. Creo que la primera experiencia que me brindó el entrar en la animación era esto de decir que hay toda una industria detrás -fuera que en Latinoamérica quizás no era tan fuerte como trabajar en Europa, por ejemplo-. Quizás yo cargaba con la idea que mucha gente tiene, que el dibujo y la animación son una especie de hobby. Y después ver la potencia que tiene como herramienta de comunicación y descubrir todo lo que se puede decir. Esas fueron como las dos cosas que me hicieron alucinar.

—¿Cómo se gesta “El Empleo”? ¿Cuáles fueron sus mayores desafíos?

—Surgió, de alguna manera, la idea de hacer un cortometraje argentino con una calidad que sobresaliera y que tuviera un planteo claro sobre algo. Por lo general estábamos viendo que los cortometrajes, de alguna manera en toda la región, siempre estaban como muy influenciados por lo que era Disney o Warner. Entonces la animación estaba muy encajonada en lo que era infantil o comercial. Así que se nos puso como meta generar un corto que pudiera salir del país y que tuviera una idea clara, que hiciera un planteo.

Después el desafío fue que no teníamos presupuesto para hacerlo. Si que fue un trabajo muy arduo, porque era completamente a pulmón, hasta que conseguimos una beca. Pero [en esa época], con Patricio estábamos trabajando en estudios de animación, como animadores para España y para producciones de Argentina. Era estar trabajando, en el estudio dibujando y después llegar a nuestras casas y sentarnos a dibujar de nuevo en el corto. El corto también habla del trabajo, si que era una especie de catarsis para nosotros. Y ese fue el mayor desafío: mantener esa disciplina para terminarlo. Porque quizás uno en el principio dice que lo hago, que tiene todas las energías, pero cuando comienza a pasar el tiempo decaen.

Set de filmación de cortometraje «Padre» 2013.

—Luego de “El Empleo”, hiciste otro cortometraje que le fue muy bien, el cual -de hecho- abrió la 38ª edición del festival de Annecy: “Padre”. ¿Cómo nace la idea de crear este cortometraje?

—El gran desafío de “Padre”, así como en “El Empleo”, era hacer un corto en 2D que bajara una idea. En el caso de “Padre” se impusieron dos metas importantes. Una era no hacer un “El Empleo” de nuevo. Como fue una coproducción -los coproductores que eran franceses-, de una manera querían esa cosa del éxito, hacer un corto de nuevo que funcionara como “El Empleo”, que había tenido un muy buen recibimiento a nivel internacional. Así que primero fue eso, cortar eso. Por lo que también elegimos una técnica completamente diferente y una lógica narrativa también diferente, porque hay otro tipo de personajes, demases. Después, hablar de la dictadura argentina -que era una cosa que también no se había hecho en animación. El hecho de elegir un guión que hable de la dictadura argentina era como una cosa que nos generaba muchas dudas en relación a los festivales, cómo le iba a ir. Porque, obviamente, un festival tal vez chileno o brasileño entiende de qué habla un corto cuando habla de dictadura. Pero si lo ve un francés, por ejemplo, al ver la figura del militar, no va a tener quizás el mismo universo simbólico que tenemos en Latinoamérica como para entender la historia, como fue la historia con la dictadura. Y la verdad es que nos sorprendió, porque nos fue muy bien. Y fue muchas cosas lindas, cuando al principio teníamos esa duda de si iba a ser bien recibido, porque era de alguna manera críptico para ciertas partes del mundo. Y también, la idea de hacer el corto era como en “El Empleo”, no era decir bueno hacemos el corto para que gane festivales, sino era hacer un corto así y que se vea lo más posible.

—¿Cómo describirías el panorama de la industria de la animación en Argentina y en Latinoamérica?

—Hablando en cuanto lo que es en la parte independiente, que quizás no es la industria per se, porque son directores aislados y no es un gran aparato que produce, sino que es más un destello de gente que trabaja. Hay un gran florecimiento en todo Latinoamérica, no sé si también está ligado a una situación de historia de la zona que está cambiando un poco en ciertas cosas y también por el acceso a ciertas cuestiones técnicas como el animar directamente en digital, los programas y cámaras para stopmotion. Antes hacer stopmotion era casi imposible para un estudio chiquitito. Así que a nivel independiente, creo que hay un resurgimiento gigante. Y eso creo que también, de alguna manera, influye en la industria más grande, que serían estudios más grandes que trabajan en largos o en publicidad. Porque de alguna manera eso genera una dialéctica que se retroalimenta un poco, se refresca la publicidad y demás.

Después, la industria grande, creo que siempre ha dependido de situaciones económicas, cómo está el país. Creo que, por ejemplo, en su momento Argentina tuvo un florecimiento muy grande por el tema de la tercerización de animación, que venía mucho de España o de otros países de Europa. Porque por el cambio convenía. Entonces entró un flujo re grande de producción al país. Eso, de alguna manera, hace que los estudios florezcan, crezcan, se forme gente. De ahí salgo yo, ahí me formé yo.
También hay un común fortalecimiento, como lo que pasa con Chilemonos, ver los distintos festivales de Latinoamérica, que están cada vez más grandes, más sólidos, traen a más gente, empiezan a asociarse entre sí: Animamundi, Expotoons, Anima Córdoba, Chilemonos, una cosa así como fortalecimiento que creo que ayuda muchísimo a la zona.

—Con respecto a ello, ¿cuáles crees que son los retos que le depara a la región?¿Cuáles crees que son nuestros puntos débiles que deberíamos reforzar?

—Quizás, lo más importante sería que se focalice un poco en tener una identidad propia. Tratar de a poco, desde su fortalecimiento -que creo que se está dando- empezar a producir algo más propio y no pensar tanto en exportar. Hay que generar público y pensar en cómo alimentarlo. Porque creo que ese es el gran aporte que puede hacer un país. Por lo general, las copias son malas. Me parece que ese es el gran desafío que tendría la industria: empezar a tener voz propia y, de alguna manera, tener una dialéctica con la gente que trabaja. Eso hace que la gente que trabaja se forma y aprende cómo es el medio. Pero también, quizás, desde el apoyo. Por ejemplo en la televisión estaría bueno que los cortometrajes tengan más espacio. Por eso digo dialéctica, si los canales de televisión empiezan a comprar cortos para pasarlos, ese dinero fomenta a estudios pequeños, que van a crecer, que van a generar cosas nuevas, que se van a asociar a otros y creo que todo va a crecer. Por eso creo que el desafío es apostar más a lo propio, al discurso propio y a la industria propia.SM

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Diseño de escenario de cortometraje «Padre» 2013.

Set de filmación de cortometraje «Padre» 2013.

Trabajo de storyboard de cortometraje «Padre» 2013.

Santiago Bou animando en cortometraje «Padre» 2013.

cortometraje «El empleo» 2008.

Frame de cortometraje «Padre» 2013.