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Luego de la adquisición del programa de animación 2D, y el reconocimiento que implica participar en una película nominada a los Oscar, el animador chileno se posiciona como un referente prometedor de la industria, tanto en la realización como en el desarrollo de nuevas herramientas.

Para Víctor Paredes, los últimos años han significado cambios radicales en su vida. Quien fuera titulado de periodismo de la USACH, hoy reside en la localidad de Kilkenny, Irlanda, y se desempeña como animador para Cartoon Saloon, connotado estudio que posee tres películas nominadas a los premios Oscar: Song of the Sea (2015), The Breadwinner (2017), y la más reciente Wolfwalkers (2021), que estuvo en la carrera por la estatuilla a mejor película animada.

“Cuando lograba un pequeño paso, como que mi nombre apareciera en los créditos de Moho, yo pensaba ‘Ya, aquí toqué techo’”, cuenta Víctor refiriéndose a la oportunidad de trabajar en la programación del software con el que se inició en la animación 2D. No obstante, las posibilidades no han hecho más que presentarse favorablemente en su camino, al punto de que consiguió adquirir la compañía tras el software junto con dos amigos y colegas.

Una renovada versión de Moho fue lanzada el 26 de abril pasado, construida con la premisa de mejorar la accesibilidad para los usuarios, característica fundamental en el trabajo de Paredes. Al mismo tiempo, el animador chileno se encuentra trabajando en la nueva producción de Cartoon Saloon para Netflix.

DESCUBRIMIENTO RECÍPROCO

La formación de Víctor Paredes en animación es completamente autodidacta, ya de joven se las ingeniaba para crear imágenes, entregando coordenadas a la consola Atari o dibujando pelotas en Paint. Puso doble empeño en mejorar su inglés para poder leer libros como Animated Performance de Nancy Beiman y para acceder a blogs de la materia. Cuando se encontró con Moho, gracias a un compañero de universidad, las ideas empezaron a tomar forma.

“Me pareció alucinante desde el principio, era todo tan flexible. Puedes combinar las herramientas de distintas maneras, no hay una forma fija de lograr resultados, sino que existen varios caminos. Eso me gustaba mucho, porque al poder elegir los caminos, también podía ser muy creativo en la forma en que construía y animaba”, se refiere Víctor a las razones que lo hicieron establecerse con Moho para experimentar su interés por la animación.

Una vez que consiguió manejar el software con fluidez, se lanzó a publicar tutoriales en Youtube explicando el uso de distintas herramientas. Inspirado por los aprendizajes que obtuvo de los foros online, en los que la gente compartía conocimientos y tips de uso de Moho, sintió la necesidad de aportar desde la misma vereda. Esto atraería la atención de Smith Micro, la compañía a cargo de Moho en aquel entonces, que lo convocó para trabajar en el desarrollo del programa.

En un inicio, sus aportes consistían en entregar archivos propios para la librería de Moho, además de evaluar qué nuevas herramientas podrían ser implementadas o cómo mejorar las ya existentes. Eventualmente, Smith Micro le ofrece tomar el cargo de Product Manager.

“Yo no sé programar, pero lo que sí entiendo es la lógica que tiene que tener un programa. No es tan simple como pedir una herramienta que haga caminatas automáticas, por ejemplo, porque eso corresponde al resultado, entonces a mí me toca resolver cómo Moho llega a ese resultado y plantear los pasos para ello. También hay un ejercicio de entender al público, evaluar si es que la herramienta va a ser realmente útil y fácil de usar, que son cosas que me preocupan mucho”, comenta Víctor sobre su labor y sus impresiones como director del software.

ESPERAR LA OPORTUNIDAD

Luego del despido masivo en Smith Micro, tanto Víctor como el resto del equipo de programación quedaron completamente desvinculados del proyecto; en paralelo a esto, Cartoon Saloon lo reclutó por lo versátil de sus trabajos y soluciones en animación. En este punto, toma especial valor el lazo que entabló con su colega y amigo Mike Clifton, creador original de Moho, con quien dice congeniar muy bien en todo lo que implica el desarrollo del software.

“Con Mike siempre quisimos recuperar el programa. Él era mucho más pesimista que yo, pero siempre le decía: ‘Esto se puede hacer, pero vamos a tener que esperar un tiempo’. Y hace dos navidades atrás, viajé a California donde estaba Mike y mi otro amigo, con los que ahora somos dueños del programa. Había surgido una posibilidad de compra, me había llegado el dato, y viajé para comprometernos a comprarlo”. Víctor recuerda con nostalgia que se reunieron a conversar el acuerdo en una cafetería a la que solían ir después de salir de su jornada laboral en Smith Micro.

Las conversaciones con dicha entidad iniciaron en julio del año pasado y finalmente, luego de intensas negociaciones comandadas por Paredes, adquirieron el programa de forma oficial el 22 de diciembre de 2020, a través de Lost Marble, compañía que crearon para dicho propósito.

El primer paso para la renovación del software consistió en partir desde la penúltima versión de Moho, la cual poseía un código más amigable para construir las nuevas características a estrenar en el programa. En este punto, el animador retoma las labores que desempeñaba bajo el alero de Smith Micro.

En esta nueva entrega de Moho, desarrollada por Lost Marble, se ha dado prioridad a la optimización de la animación. En ese sentido hay tres nuevas herramientas que, según Víctor, son protagonistas de la versión 13.5 del software: la primera, Wind Dynamics, una aplicación de viento que permite soplar sobre los personajes o fondos, y que todo se mueva automáticamente.

Con ella, es posible mover la ondulación del viento, la turbulencia, cambiar los materiales, las texturas, y cómo se van a doblar los objetos. “Es muy útil. Moho anima mucho fondo, entonces se trata de darle vida a ello también. Cuando animaba siempre quise tener un viento, para no tener que animar todas las hojitas y detalles a mano”, explica Víctor, quien formuló esta característica basándose en su experiencia de trabajo dentro de Cartoon Saloon.

La segunda herramienta, bautizada como Quad Meshes, consiste en una malla de distorsión que se aplica sobre los personajes. La virtud de esta malla es que a través de ella se anima al personaje, eliminando la necesidad de redibujar o mover los vectores sobre el objetivo.

De acuerdo con Víctor, la herramienta funciona tanto sobre imágenes como vectores, y también permite aplicar cambios estéticos al objeto: “Con la malla puedes hacer que el personaje se mueva un montón, lo que quieras. Después puedes volver y dibujarle una cicatriz en la cara, por ejemplo, y esa cicatriz inmediatamente va a tener ya asignados todos esos movimientos, no hay que redibujarla en todos los cuadros”. Además, es posible acoplar varias mallas y animar en distintos niveles, ampliando aún más las posibilidades de movimiento.

La tercera aplicación, y la que es de mayor orgullo para Víctor, se llama Vitruvian Bones (huesos vitruvianos). Inspirada en la ilustración de Da Vinci, resolvió las limitaciones de las marionetas respecto a la perspectiva en que se pueden mover las extremidades, permitiendo crear mayor variedad de poses. “Lo que hicimos fue tener varios brazos en varias posturas, les puedes poner esqueleto a cada uno. Entonces tienes este mono con todos estos brazos, pero puedes mostrar uno solo a la vez. Así, se pueden crear riggs complejos, pero armarlos y animarlos es una tarea mucho más simple”.

PROYECCIÓN

Con el nuevo comienzo de Moho y la experiencia de haber participado en una película nominada al Oscar, salta a la vista que la carrera de Víctor Paredes como animador va en ascenso. A esto, se suma el proyecto cinematográfico actual de Cartoon Saloon para Netflix: My Father’s Dragon, película basada en la novela homónima de Ruth Stiles Gannett, que relata la historia de un niño que rescata a una cría de dragón en una isla. Un proyecto en el que será mucho más palpable el trabajo de uno de los exponentes nacionales más notables de la animación, ya que, a diferencia de Wolfwalkers, se integró a la producción desde su fase más prematura.

“Cuando puedo, me gusta hacer dos cosas: tratar de meter chistes, sobre todo en estos personajes chiquititos porque tienes la libertad de que nadie les está poniendo tanta atención y no cambia el sentido de la película. Y lo otro, es que me gusta pensar el límite en que un fondo puede tomar vida. Que el fondo no sea solamente eso, que se funda la animación de los personajes y que tengas un mundo vivo, en vez de unos personajes vivos sobre una escenografía muerta”, explica Víctor, acerca de aquellos tintes personales que busca dejar en la impronta de cada trabajo en el que se ve envuelto.

El horizonte de Víctor Paredes, ya sea en Moho o integrando un equipo de animación para una película, se distingue por buscar libertad y dar importancia al trabajo colectivo; algo muy apreciable cuando se observa su trayectoria, en la que participó para producciones de índole política y social como el pasado plebiscito de octubre, o la campaña para el Observatorio contra el Acoso Callejero. Sin lugar a dudas, el animador chileno está ejerciendo una influencia en quienes desean entrar al mundo de la animación, y seguirá sorprendiendo con su notable trabajo. SM