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Carlos Azcuaga (México) se refiere a la producción de “El desfile de los ausentes”. Desde su labor como productor y director de animación, profundiza en la creación de un mundo retrofuturista, y se refiere a la ardua tarea de adaptar un crudo acontecimiento a una animación que pueda trascender fronteras de todo tipo.

Este cortometraje estará en exhibición a través de la plataforma chilena Ondamedia, integrando el ciclo titulado “Derechos Humanos”, que estará disponible para el público durante todo el mes de mayo.

En una ciudadela en medio del desierto, abandonada en apariencia, vive una población de animales humanoides en cubículos cerrados: en general interactúan poco, y se miran entre sí con desconfianza. Durante una caravana oficial del gobierno, un grupo de manifestantes interrumpe el tránsito con fotografías de animales en blanco y negro y, ante la mirada estoica de una multitud impotente, son reducidos por las fuerzas de orden. Entre el tumulto de gente, un misterioso zorro está capturando los hechos con lo que parece ser una cámara: una vez que las autoridades lo divisan, huye y es detenido sin que haya testigos, excepto una paloma intrigada por su actuar durante el evento.

“El desfile de los ausentes” (2020) es un cortometraje distópico, de animación 2D, estrenado en 2020 y que estuvo presente en más de 50 selecciones oficiales de festivales de todo el mundo con varias nominaciones a su haber, y siete premios de distintas categorías en certámenes realizados en el continente. Fue dirigido por Marcos Almada, quien también ejerció como director de arte, y la dirección de animación estuvo a cargo de Carlos Azcuaga: un equipo que tiene años de trayectoria profesional y que ha ido puliendo sus métodos de producción.

Marcos y Carlos se hicieron amigos en la universidad: estudiaron comunicación en la Universidad Iberoamericana, en Ciudad de México. Carlos recuerda que les gustaba todo, por lo que les tomó tiempo definir a qué se querían dedicar: Marcos hacía ilustración de forma autodidacta, muy cercano al arte y la creación de historias, y a Carlos le gustaba el cine, especialmente la parte de producción y gestión, por lo que sus perfiles se complementan muy bien para sus trabajos audiovisuales. 

“Lo que siempre nos gustó fue hacer nuestras propias historias. Como él (Marcos) lo diría si estuviera aquí: siempre nos gustó ser más la cabeza de ratón que la cola del león, en el sentido de que buscábamos desarrollar proyectos originales donde tengamos ese control creativo, nuestros tiempos, nuestras historias”, comenta Carlos sobre el ideal que los unió como equipo.

Al finalizar su educación, Marcos comenzó a desempeñarse como ilustrador de libros, mientras que Carlos entró a trabajar en medios de comunicación y publicidad, labores que, si bien son trabajos idóneos, no conseguían alcanzar el ideal de crear y contar sus propias historias. En 2009, Carlos se fue a España para realizar una maestría en animación, gracias a esto pudo producir su primer cortometraje y trabajar en una serie, procesos que le llevaron a entender todo lo que implica producir animación independiente.

De vuelta en México, Carlos contactó a Marcos con un proyecto pensado para una convocatoria de producciones infantiles, lanzada por el Canal 22 de dicho país. Se basaron en un cuento breve escrito por Marcos, ganaron el financiamiento, e iniciaron una producción en la que tuvieron que aprender muchas cosas que estaban haciendo por primera vez, y en la que se pudieron conocer mejor en una faceta de trabajo.

En 2013 establecen MicuFilm, un estudio independiente fundado por Carlos y su compañera de maestría, la animadora y realizadora colombiana Karolina Villarraga. En dicho estudio, Marcos Almada ha ejercido como director de arte de muchas de sus producciones, las cuales se mantienen en temas sociales, científicos, medioambientales, infantiles, e incluso realizaciones de corte humanitario para ONG’s, muchas veces con fines educativos y siendo conceptos muy claros del trabajo de autor que tanto Carlos como Marcos buscan concretar. Todo este ideal, desemboca en “El desfile de los ausentes”.

Este cortometraje se basó en un acontecimiento que no sólo marcó a la sociedad mexicana, sino que tuvo un fuerte impacto en toda Latinoamérica por su nivel de violencia, y por traer al presente crímenes de lesa humanidad que ya se han cometido antes en la región. La desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa en 2014 causó revuelo por la transgresión del derecho ciudadano a manifestarse, tanto por la responsabilidad material del ejército mexicano, como por la estrategia del gobierno de turno de implantar una versión “oficial” diferente, en la que los manifestantes habían sido secuestrados y asesinados por grupos de narcotráfico.

A partir de la indignación por los hechos, Marcos formuló una idea para cómic en homenaje a las víctimas: se planteó desde el inicio como fábula, manteniendo el componente de utilizar animales como personajes y representando al Estado como un ente abstracto, con la finalidad de que fuera una representación más universal. Si bien el proyecto en formato cómic no se siguió desarrollando, cuatro años después se encontraron con una convocatoria del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), que coincidió con las ganas del equipo de hacer algo completamente original, sin la dirección de una ONG u otras entidades externas al estudio.

Marcos, en su autoformación como ilustrador, había estado aprendiendo una técnica de grabado para dibujos, inspirada en las obras del pintor renacentista Alberto Durero y que otorga cierta textura a las ilustraciones. Por otro lado, Carlos propuso la idea de integrar periodistas al guión del cortometraje, basándose en el hecho de que los profesionales con mayor tasa de desaparición forzada en México son periodistas y la necesidad de retratar la represión desde distintos ángulos. 

Esto, sumado al borrador de cómic, sirvió como base para construir el universo en que se desarrolla la historia de “El desfile de los ausentes”: un mundo distópico habitado por animales antropomorfos de diversas especies, basando la estética en una ambigüedad que permita al espectador situarse en el lugar, pero no relacionarlo directamente a un momento o locación demasiado específica. 

En ese sentido, la estética del corto se inspiró en una visual medieval, representada en figuras como el rey, la procesión y los encapuchados; en el mismo plano, se muestran elementos más futuristas en las construcciones con lúces de neón, los vehículos y artefactos en general. Una contraposición de elementos que fue formulada para enfatizar en la paradoja de la vida en el siglo XXI: un mundo globalizado e interconectado gracias a la tecnología, pero que sigue ordenándose bajo tradiciones políticas e incluso religiosas que datan de siglos pasados.

Para los personajes, la misma lógica: se fusionaron dos elementos que, en apariencia, son opuestos, entonces los rostros animales sirven como máscaras que neutralizan el contexto, y facilitan que el espectador pueda encontrar algún personaje con el que identificarse. En esto, Carlos cita las ideas que Marcos manifestó durante el proyecto: “Desde el principio vemos pies humanos y manos humanas y unas cabezas de animales, algo que resultaría un poco chocante. Se trata de que ni nosotros mismos nos reconocemos, no estamos bien conectados, y podemos ver estas tragedias y cambiar el canal sin más, como si hubiéramos perdido esa unidad.”

Esta obra, concebida desde el principio como una historia para público adulto, se distancia bastante de los trabajos anteriores del equipo, que estaban pensados para un público infantil, por lo que el proyecto tuvo que “madurar” debido al delicado tema que se estaba tratando, el cual era un terreno inexplorado. “En tanto fuimos desarrollándolo (el corto), fue quedando claro que la conclusión estaba dada por la temática: ¿cómo va a acabar esta historia? Pues como acaba en la vida real, no hay esa redención del género infantil en la que los buenos triunfan. En este caso queríamos darlo así, como en la realidad”, profundiza Carlos, lo que también le lleva a recordar que el corto estuvo en selecciones oficiales de festivales tradicionales, infantiles, e incluso ganaron un premio a Mejor Cortometraje de Horror en un festival en México.

En cuanto a la técnica, ésta consiste 2D digital: una mezcla entre el método cuadro a cuadro y animación cut-out. Marcos junto al equipo desarrollaron brochas especiales para crear un estilo de arte que se asemejara a la animación análoga, y los personajes se fabricaron como marionetas digitales en After Effects, con piezas superpuestas por capas y movimiento realizado a través de sistema de huesos. Un detalle que resalta Carlos, es que los escenarios se hicieron a 24 cuadros por segundo para simular el movimiento de cámaras en live-action, en contraste con los personajes, que se animaron a 12 por segundo, además de suprimir intencionalmente el motion blur, con el fin de darles un movimiento más “fotográfico”.

En la misma línea de la universalidad, se decidió desde el inicio que el corto no tendría diálogos, lo que derivó en un trabajo minucioso de la expresión de los personajes a través del sonido. En esta área, colaboraron con Leonardo Barragán, cuyo trabajo de sonido para videojuegos le dio la base perfecta para formular sonidos característicos: metal, chirridos, chispazos eléctricos junto con sonidos más digitales de los aparatos tecnológicos que tienen lugar en la historia. Para los personajes, se recurrió a bibliotecas de sonidos libres de derechos, y Marcos grabó algunas voces de animales en estudio, las cuales posteriormente fueron editadas por Leonardo para darle un tinte más siniestro.

La música fue compuesta por Cris Van Beuren, quien ha musicalizado otras producciones del equipo, trabaja en el género de jazz y domina varios instrumentos: creó temas especiales para cada momento de la historia y las editó en función de esta estética futurista. Además, Van Beuren junto a más músicos compusieron una canción original para el cierre del cortometraje, a fin de darle una identidad más latina, que se basó en un conocido bolero mexicano llamado “Frenesí” y fue vocalizado por la cantante Leika Mochán. Esta canción original tiene dos versiones: una con la letra original en español, y la otra con la misma letra pero interpretada de forma invertida.

Referente a la recepción del cortometraje, Carlos la cataloga como muy positiva, en principio por el público que ha sido transversal, y en el que destaca la reacción la audiencia infantil alrededor del mundo que ha entendido todo el argumento, e incluso lo han relacionado a hechos ocurridos en sus países de origen. En cuanto a la opinión pública sobre la obra, Carlos comenta que han tenido mucho apoyo de distintas entidades e incluso estuvo nominado a los premios Ariel, por lo que han recibido aprobación e interés de instituciones oficiales.

“Encontramos un buen balance entre el abstracto y la universalidad del corto, que no menciona explícitamente a una entidad o a una autoridad: una persona de México lo ve y sabe a qué situación se refiere, pero no es tan explícito como para que se pueda censurar, además de que haya sido financiado por IMCINE le da cierta ‘oficialidad’. Supongo que es parte del problema que señala el corto: por un lado está el gobierno que expone ciertos problemas, pero es el mismo gobierno el que los provoca, lo sostiene, los esconde; el corto vive en esa disonancia paradójica de ser financiado por el Estado y de hablar de un problema del Estado”, profundiza el director de animación.

En cuanto a proyectos futuros, Carlos comenta que el año pasado finalizaron el rodaje de un cortometraje titulado “Primer Día”, que se originó por una convocatoria de PROCINE denominada “Derechos Humanos en época de COVID”: la obra fue escrita por Carlos y su socio Lucas Ricoy, mientras que Marcos Almada estuvo en la dirección de arte. La historia relata la labor de los profesores, y cómo estos deben adaptarse al formato online para hacer llegar el conocimiento a sus estudiantes; Carlos lo formuló como un homenaje a los maestros y maestras, desde una visión muy personal ya que tanto él como Lucas y Marcos ejercen la docencia. 

También, desarrollaron un audiolibro basado en su serie de 2016 “El show del doctor Gecko”, y concretaron durante 2021 un cortometraje infantil titulado “Tadeo” dirigido por Mariana Musi Cao-Romero y con Carlos en la producción, siempre buscando temas de interés colectivo y explorando las oportunidades que se presentan para dar rienda suelta a su creatividad. SM