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En un contexto de violencia sistemática y crueles crímenes contra la población, el cortometraje “Dalia sigue aquí” surge para expresar un sentir colectivo, desde un punto de vista no tan explorado entre las distintas personas que son afectadas por la desaparición de un ser querido. Nuria Menchaca (México) repasa la construcción de la historia y el arduo trabajo de producción para esta obra de animación análoga.

Este cortometraje estará en exhibición a través de la plataforma chilena Ondamedia, integrando el ciclo titulado “Derechos Humanos”, que estará disponible para el público durante todo el mes de mayo.

Las páginas comienzan a pasar, cada vez más rápido, hasta que las manos que las pasan ya no se ven y la cámara muestra un escenario árido a campo abierto, banderas amarillas pinchadas en la tierra. Con una larga varilla, un hombre perfora el suelo y esta da con el cuerpo de un niño, el cual al ser pinchado desprende el hedor de su alma, la que asciende con la varilla y es olfateada por el hombre, provocando la liberación del alma. 

Una pesadilla de la que despierta Dalia, una niña que recorre las calles vacías buscando a su padre, y se ve en distintos lugares a la vez que no son aleatorios. Junto a su gallina Pelusa, Dalia tendrá que recorrer un doloroso camino para entender la verdad bajo la desaparición de su padre.

Así como pasan las páginas, pasan los días y los acontecimientos, mientras la vida de muchos se detiene para siempre: sobre este principio nace el cortometraje “Dalia sigue aquí” (2019), una emocionante obra que, en memoria de las decenas de miles de personas desaparecidas por la violencia del narcotráfico en México, plantea un interesante punto de vista desde la desesperación y la voluntad de las personas que son secuestradas y asesinadas por grupos organizados y militares en el país.

El cortometraje fue dibujado sobre 5227 hechos periodísticos publicados por el diario La Jornada de México, quienes donaron sus periódicos para una realización íntegramente análoga, animada cuadro a cuadro a través de dibujo y pintura, en un proceso que tomó un total de tres años. La obra fue realizada por No Budget Animation, estudio independiente fundado por la animadora Nuria Menchaca, cuyo trabajo no es el primero en ser premiado y elogiado en distintos festivales: su primer corto, “Rebote” (2014), también en técnica análoga, ganó el premio a Mejor Cortometraje en el Festival de Cine de Morelia, que lo llevó a ser exhibido en la Semana de la Crítica de Cannes.

Nuria estudió Artes Visuales en la UNAM (México) y se especializó en escultura, ya que en aquel momento no se daba la carrera de animación, y ella vio en esta área la mejor forma de acercarse a la disciplina. También cuenta con una maestría en Artes Visuales en la Université Laval (Canadá), una experiencia que le sirvió para ampliar sus conocimientos y proyecciones en animación. El resultado, fueron primeras obras de stop-motion que experimentan materiales y técnicas plásticas, un concepto está precedido por Jan Švankmajer, a quien Nuria cita como referente principal. 

De su maestría, se desprende su trabajo de titulación, el cual llamó “No budget animation”, que reflexiona y pone en práctica la realización animada con la menor cantidad de recursos posible, y con materiales accesibles o encontrados, a fin de darle una segunda vida a los objetos. De este proyecto, nace su estudio de animación independiente con el mismo nombre y eventualmente llega a ejercer como profesora de animación en el Instituto Tecnológico de Monterrey y esto la lleva a vincularse directamente con distintas áreas de la producción audiovisual; es en este contexto que conoce a Carlos Isaac, su pareja y socio de No Budget Animation, también realizador de “Dalia sigue aquí”.

Luego de “Rebote”, nació la idea de crear un proyecto narrativo que fuera de ambos, en un momento en que el nivel de violencia en México estaba escalando de forma cruda y acelerada. En medio de todo eso, Nuria se reencontró con José Manuel Jiménez, primo de ella y dedicado al fotoperiodismo en México, quien trabaja con su esposa, la periodista Celia Guerrero, que en conjunto dedican su labor a la situación migratoria en el país, un problema social que se relaciona con la desaparición de personas en el país.

La gota que rebalsó el vaso fue la matanza de los estudiantes de Ayotzinapa, en la comunidad de Iguala en 2014, que se suma a una extensa lista de crímenes de Estado en México. José Manuel estuvo como reportero en el caso, y cuenta con un extenso compilado de fotografías y videos a los que Nuria pudo acceder, siendo un importante acercamiento contextual para definir su obra; el diálogo extenso sobre este tema con amigos y conocidos constituye también una fuente primordial de información para los creadores del corto.

Uno de los aspectos en los que se concentró el guión fue en el entendimiento de los familiares y personas involucradas en los casos, y en la comprensión de los métodos de búsqueda, siendo este un aspecto medular de “Dalia sigue aquí”: el cortometraje oscila entre la metáfora emocional y una literalidad que, si bien no es explícita, no deja de ser cruda. La obra usa el recurso del aroma para simbolizar las almas de los desaparecidos, pero el origen de esta analogía es más descarnado. 

En la investigación, Nuria y Carlos se basaron en casos del estado de Guerrero, que se caracteriza por la presencia de montes y paisajes áridos. En esta zona, se utiliza el método de búsqueda de la varilla, que consiste en identificar levantamientos de tierra, y luego perforar en esos puntos con una barra de acero de varios metros de largo para buscar fosas. El resultado no tiene espacio para interpretaciones: suben la varilla y deben tomar el olor que hay en la punta; en función de eso, es fácil saber qué está enterrado unos metros bajo sus pies.

Para los realizadores, lo más impactante era la tenacidad que demostraban los relatos de familiares, por lo que ese fue su punto de partida: un mensaje a todos quienes tienen que buscar, desde el punto de vista de su desaparecido. 

“El mayor miedo es que no te encuentren. Cuando te van a buscar sabes que te van a matar, sí, pero el mayor miedo de alguien que va a desaparecer es que su familia nunca sepa dónde está o dónde quedó. Concentramos toda esta idea del último deseo en Dalia, que se representa en una idea muy abstracta entre fantasma y olor. Ella está buscando que la encuentren y su padre también, se buscan mutuamente”, aclara Nuria, haciendo referencia al conocimiento público sobre cómo se realizan los operativos de detención de personas.

Dalia es una niña de 8 años, que busca a su padre sin saber lo que va a encontrar al final: no entiende lo que ocurre, se guía por emoción y su instinto de estar con su familia. Como aclara Nuria, si bien una niña como Dalia no es el tipo de víctima predominante en el crimen de Estado específico que retrata el corto, sí resultó ser la encarnación más literal de vulnerabilidad; “¿Quién es más vulnerable en México que una niña?”, recalca la directora.

La técnica animada fue desarrollada casi por completo de forma análoga, exceptuando la etapa inicial de animar secuencias en líneas a través de Toon Boom. Estos cuadros fueron impresos en gris sobre las hojas de periódico, previamente tratadas con gesso acrílico, y se agruparon en cuadernillos que fueron coloreados por voluntarios, en su mayoría estudiantes, ex-estudiantes, familiares y amigos de Nuria y Carlos.

La animación fue hecha a 8 cuadros por segundo para hacer más visible el contenido de las páginas de diario y evitar saltos visuales, a diferencia de “Rebote” que se hizo a 12 cuadros: “Ahí aprendimos que para el tipo de acabado que queríamos, en realidad menos es más: bajamos el número de fotogramas, y de paso pudimos reducir mucho el presupuesto”, cuenta la directora, quien preparó casi la totalidad del material como papel periódico con tratamiento previo, impresión de los cuadros y creación de un kit para la pintura del corto, que constaba de tinta china en diferentes concentraciones, pinceles de tres tamaños, acuarelas de determinados colores y lápices de carbón conté, entre otros insumos. 

Los cuadros se obtuvieron con dos impresoras trabajando en simultáneo, gastando entre dos y tres cartuchos de tinta negra, y luego de la pintura fueron fotografiados y montados en Dragonframe. La producción fue financiada gracias a un fondo de FONCA y a una beca de Jóvenes Creadores, que consiste en la entrega de un presupuesto mensual y tres jornadas de revisión del proyecto, todo esto durante un año.

En este espacio, Nuria se encontró con quien le daría vida a la banda sonora de Dalia: la iniciativa de revisión y financiamiento también apoya a otras áreas artísticas, por lo que en la última jornada de presentación de avances tuvo la oportunidad de ver a Ingrid Beaujean, cantante de jazz, interpretar su canción original “Corinho blanco”, cuya lírica expresa todo lo que Dalia demostraba sentir. Ambas conversaron, en un encuentro fortuito, y “Corinho blanco” se convirtió así en el tema principal de la historia.

Para entonces, el corto ya estaba en limpio, con una maqueta de diseño sonoro hecha por el estudio Disruptiva, además de una composición musical hecha por Joselo Higadera, quien en base a la canción de Ingrid recompuso la banda sonora, y grabaron una nueva versión de “Corinho blanco” con Ingrid, que incluía vocalizaciones de lo que sería la voz de Dalia, que compensa la ausencia de diálogo a lo largo del cortometraje.

“Dalia sigue aquí” ha tenido una muy buena recepción en el público latinoamericano, ganó el Premio Ariel a Mejor Cortometraje Animado en 2019, y obtuvo una mención honorífica en el Festival de Morelia: en esta instancia, la opinión de una jurada mexicana fue determinante en cuanto al veredicto, ya que los otros dos jurados eran extranjeros, invitados de la Semana de la Crítica de Cannes y argumentaron que faltaba contexto para comprender la historia. Un efecto que Nuria pudo constatar cuando el corto fue exhibido en Cannes.

“Vimos que a la audiencia europea estos temas les parecen totalmente sacados de los pelos. Me da gusto que existan lugares en el mundo donde la gente no pueda creer que esto es algo real, al grado de que no entienden la historia por no tener un marco de referencia, eso es lo que nos dijeron los jurados de Morelia cuando los fuimos a conocer. Nos aclaró muchas cosas, creemos que tenemos un buen corto, pero viéndolo críticamente sí es muy difícil aproximarse a un público que no está familiarizado con estos casos de violencia”, reflexiona Nuria, quien afirma que esta realidad es muy mexicana, y relacionable a la historia de los países latinoamericanos.

Por otro lado, cuando el cortometraje fue presentado en lugares fuera de Ciudad de México, Nuria recuerda que la gente se le acercaba a conversar sobre sus historias y sus desaparecidos, y para expresar su gusto por la perspectiva entregada de esta realidad que, si bien es un tema muy sensible por su nivel de violencia, la gente estaba de acuerdo en que era importante darlo a conocer y agradeció el punto de vista de la obra.

“Dalia sigue aquí” consiguió un puesto en la preselección de Cortometrajes Animados de los Premios Oscar, pero más allá de eso, la obra se mantuvo bajo ciertos círculos de exhibición. Ante esto, Nuria reconoce que en algún momento tuvo miedo de las consecuencias del mensaje del cortometraje, al igual que su familia y la de Carlos, pero que no pasó a mayores producto de la extensión que consiguió alcanzar el corto en Latinoamérica y fuera del continente.

Actualmente, No Budget Animation está en proceso de escritura de un largometraje, a cargo de Carlos Isaac, que será un relato sobre tres mujeres de tres generaciones distintas de una familia que se enfrentan a su pasado, ambientada en un México futurista en pleno calentamiento global. Por su parte, Nuria está empezando a formular un proyecto de documental animado, que estaría ambientado en Chile y basado en historias contadas por el abuelo de Nuria, bajo la óptica de distintos familiares. SM