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La productora Ángela Revelo (Colombia) relata el proceso de rodaje de “El pájarocubo”, cortometraje infantil que destaca por sus personajes fabricados a través del bordado, una narrativa poética y dinámica, y un mensaje que invita a romper, literalmente, las barreras que ponen límites. 

En una casa algo oscura, atestada de antigüedades vive Pedro: un pajarito nacido en cautiverio, que observa la ventana con nostalgia de un mundo que quiere descubrir. En su primer cumpleaños soñó con un búho, que le decía que si quería salir al mundo debía crecer para ser capaz de destruir su jaula: un designio que Pedro tomó de forma literal, ya que llevó a cabo su plan comiendo alpiste sin parar, hasta que un día creció tanto que su jaula fue incapaz de contenerlo y se liberó, lo que también motivó a los otros animales a buscar la libertad.

“El pájarocubo” fue estrenado en 2015: es un cortometraje en stop-motion que basa su materialidad casi completamente en el bordado. Ha ganado cinco premios en festivales del continente, incluyendo el galardón a Mejor Cortometraje Iberoamericano de Animación, en los Premios Quirino el año 2020. Cabe destacar que una de las premiaciones llevó a “El pájaro cubo” a estar en la preselección de la categoría de Cortometrajes Animados de los Premios Oscar.

El cortometraje fue dirigido por Jorge Alberto Vega, y es una producción de Ángela Revelo, quien es productora hace 15 años y es titulada en Diseño Industrial, una carrera en la que la animación no es una disciplina predominante. Su primera experiencia animando fue al unirse a un equipo de amigos que tenían un proyecto para televisión, instancia en la que también se reunían a experimentar en distintas técnicas. Allí, el 2D y particularmente el stop-motion capturaron su atención porque aunaba dos de sus pasiones: animar, y realizar trabajo manual, especialmente en mejoramiento de productos y solución de mecanismos, algo muy relacionado a su profesión.

Ángela es socia fundadora de La Valiente Estudio, con sede en la localidad de Popayán, Colombia, e integrado por más diseñadores como ella, quienes se involucran de igual forma en las distintas áreas del proyecto según las habilidades que maneje cada profesional.

La labor de Ángela es muy transversal: como productora, se encarga de gestionar el financiamiento para hacer realidad los proyectos, lo que implica organizar los recursos y al equipo humano que va a construir los escenarios y marionetas y de paso, involucrarse en los aspectos materiales de la dirección de arte, un área que a Ángela le gusta muchísimo. En el caso de “El pájaro cubo”, Ángela se encargó de realizar el diseño y confección de personajes.

La idea del corto proviene de un libro homónimo, escrito en verso por el guionista español Marcos Mas. Salvo un par de modificaciones muy específicas, el guión conservó la narración original, la que fue relatada por una voz en off, a fin de recuperar la mirada del cuentacuentos y resaltar la musicalidad del verso. Si bien los realizadores tenían dudas respecto al guión, por la presencia de palabras poco cotidianas, las pruebas que hicieron con niños escuchando solo la voz del narrador resultaron en que les hacía gracia la historia y, más importante aún, que la entendían perfectamente.

La premisa del corto alude a una tridimensionalidad desde el inicio, la cual solo podría ser lograda a través de la animación 3D o el stop-motion: finalmente, se deciden por la segunda técnica, con tal de darle protagonismo a las texturas y recrear un “universo de juguete”, apelando a un público infantil hasta los siete años.

La materialidad del corto es uno de los aspectos más importantes: detalles de estilo como el hecho de que tanto las aves, como los árboles y otros seres vivos están fabricados en fieltro, mientras que los demás objetos e indumentaria se construyeron aludiendo a su materialidad original, como los muebles hechos de madera. Más allá de la razón estética detrás de la elección del stop-motion, también existe un antecedente cultural en la manufactura de la obra:

“Trabajamos con stop-motion por su valor de producción, justamente por la región en la que nos encontramos: vivimos en una ciudad intermedia en Colombia, no es una gran capital, está en pleno desarrollo. Muchas veces, para encontrar materiales, tenemos que trasladarnos a Cali, que es la ciudad grande más cercana, pero en estas ciudades pequeñas el valor de la artesanía es muy grande, aún se transmiten estas técnicas tradicionales de generación en generación, incluso en la ciudad en que yo nací”, detalla Ángela, sobre la importancia para el equipo de La Valiente de continuar con el legado de labores manuales.

Una de las dificultades de la fabricación de los títeres fue dar con una estructura estable y que, a la vez, fuera óptima para el movimiento de los personajes: las uniones profesionales, que usualmente se fabrican con metal, se combinaron con aplicaciones de alambre, lo que permitiría controlar la movilidad, y para su manufactura se establecieron patrones de costura y se estandarizaron los tamaños, por ejemplo, definiendo la cantidad de hebras del hilo de bordar según las proporciones de cada títere. En cuanto a Pedro, el protagonista, fue el que más trabajo requirió, ya que se hicieron tres muñecos para los distintos tamaños que alcanzó: el primero de 15 centímetros, un intermedio de 20 centímetros, y su forma final en 30 centímetros.

“También fue un reto con el tiempo, porque nos dimos cuenta de que así como la ilustración tiene diferentes expresiones de una persona a otra, el bordado también. Entonces probamos mucha gente para poder agilizar ese proceso, pero ninguno podía. No logramos tener dos puntadas iguales, aunque fueran bordados del mismo tipo. Entonces terminé haciendo todos los personajes y había una persona conmigo a cargo del vestuario. Los personajes que necesitábamos tener continuidad están hechos por mí para evitar saltos en el stop-motion”, explica Ángela sobre su trabajo en el diseño de personajes.

Referente al trabajo sonoro, este se hizo a la par con la grabación del narrador, la cuál daría el ritmo para todos los demás aspectos del corto: era fundamental que el sonido acompañe y complemente la narración, que sea detallada para todos los elementos mostrados en pantalla ya que el sonido bien recreado, en palabras del director, hace que la animación sea más real.

La música se compuso en base a los dos grandes ambientes de la historia: el espacio más “opresivo” de la casa de don Jorge, quien acaba de quedar viudo y se desenvuelve en un espacio cerrado, en el que la musicalización se hizo con un oboe, junto a cellos y violines con sonidos más gruesos. El universo colorido que le espera afuera de la casa, y que Pedro anhela conocer, es musicalizado por un grupo tradicional de música llanera, específicamente con un ritmo propio de la zona denominado “pajarillo”, que se interpreta con flauta traversa y tiene un sonido más rápido y “alegre”; el objetivo, es que en esta parte de la trama, la música se sienta como un pájaro volando.

Ángela recuerda que la experiencia con “El pájarocubo” fue muy especial: junto a Alberto, el director, regresaron a instalarse en Popayán luego de una experiencia de aprendizaje en un canal de televisión. Allí se encontraron con un grupo de estudiantes que nunca había hecho animación, y esto resultó en un equipo preparado en stop-motion, que a su vez está formando a nuevos animadores y que se ha consolidado en la realización de proyectos profesionales, siendo pioneros en una producción de stop-motion en el suroeste de Colombia.

De momento, La Valiente Estudio está expandiendo el universo de “El pájarocubo” con una serie en desarrollo llamada “Villa Pío”, basada en cuentos de Marcos Más: ya han producido los primeros seis capítulos y están en búsqueda de canales que apoyen la producción. En esta nueva entrega, la serie combina el stop-motion con animación 2D y se basará en las aventuras de Pedro y sus nuevos amigos, quienes en cada capítulo se meten en un problema diferente y tendrán que recurrir a distintos personajes del pueblo para conseguir ayuda.

“La idea de la serie es incentivar a la lectura: nos dimos cuenta con el corto que a los niños les gusta aprender palabras nuevas y que los versos ayudan mucho a ese aprendizaje. Entonces vienen nuevos cuentos que van a introducir nuevo vocabulario, y que además busca fomentar la independencia de los niños, aprendiendo a resolver problemas por sí mismos”, explica Ángela. SM