Jesús Sánchez Fuentes (Chile) entrega detalles sobre la realización del cortometraje “Amucha” (2019): una emotiva historia que combina el teatro de marionetas con la técnica audiovisual. Filmado en la costa del sur de Chile, en pleno Ngulu Mapu y hablada en mapuzungün, el argumento desarrolla la mitología y el enfrentamiento alrededor de la pérdida de un ser querido, desde la óptica de la cosmovisión mapuche.
Este cortometraje estará en exhibición a través de la plataforma chilena Ondamedia, integrando el ciclo titulado “Mitos y leyendas de Latinoamérica,” que estará disponible para el público durante todo el mes de abril.
Comienza un día como cualquier otro en la vida de la pequeña Alen: una niña de cinco años, que vive en Lafken Mapu o zona costera junto a su madre Ilwen Liwen, y el abuelo Ligkoyam, quien cuida de Alen en la ausencia de la madre. Ambos, abuelo y nieta, desarrollan sus vidas en tranquilidad y comparten un fuerte vínculo familiar, basado en la complicidad y el afecto. El día transcurre sin novedades, excepto porque Alen es perturbada por un sueño que indica un presagio para el abuelo Ligkoyam.
Así comienza “Amucha”: una historia sobre el enfrentamiento de la pérdida y el desarrollo de dicho proceso bajo la perspectiva de la cosmovisión mapuche, basada en el epew o relato antiguo de tradición oral sobre Trempülkalwe, el ser mitológico que transporta las almas a la Amucha o isla Mocha.
El cortometraje fue realizado por el Colectivo Epewma, cuyo nombre reúne dos palabras en mapuzungün: epew, que refiere a los relatos antiguos transmitidos de forma oral, y pewma, concepto que se usa para hablar de los sueños premonitorios. Todas las obras del colectivo se basan en un epew, y a la vez los sueños o pewma son el factor que moviliza a los personajes de sus obras.
El colectivo está conformado en gran parte por actores y actrices formados en la escuela internacional La Mancha, la cual desarrolla un estilo de teatro especializado en uso de máscaras y objetos; algunos miembros están instruidos en más de una disciplina, entre las que se cuentan diseño de marionetas, instrumentalización, dramaturgia, investigación y voz, entre otros. En el caso de Jesús Sánchez, director del corto, es Comunicador Audiovisual del Duoc UC en Santiago, y actualmente vive en la comuna de Pucón con su compañera Andrea Contreras, actriz e integrante activa del equipo, y sus hijos.
“La gran mayoría de las personas tenemos un referente abuelo o abuela, que nos contó historias, que al ser chicos nos dejábamos llevar por ellas y aprendimos mucho a través de eso. Nosotros recurrimos a esa memoria que habita en cada uno y también como una técnica para interpelar a la audiencia”, expresa Jesús respecto a su interés por desarrollar tramas con contenido valórico y educativo, sumado a elementos como la flora y la fauna, los conflictos medioambientales y el valor de las reservas naturales. En cuanto a sus referentes, menciona a Christopher Nolan por el carácter de misterio y tensión en sus historias, además de Jim Henson, connotado por crear obras de títeres como Los Muppets o The Dark Crystal.
El origen de “Amucha” parte por el interés de mostrar la isla Mocha, ubicada en la costa a la altura de la región del Bío-Bío: Andrea fue por primera vez para presentar una obra de teatro y, según cuenta Jesús, quedó fascinada con el lugar ya que estaba estacionado en el tiempo. Por otro lado, existe el epew de Trempülkalwe: un ser mitológico que para el pueblo Lafkenche (gente del mar) se representa como cuatro ballenas blancas o cachalotes albinos, que aparecen cuando es momento ir a buscar el alma de una persona para llevarla a un sitio de transformación que, en este caso, sería la isla Mocha.
Es así como llegan a constituir este modelo de familia que se escapa de las propuestas más convencionales: Alen, la protagonista, una niña de cinco años que explora sus alrededores y está absorbiendo conocimiento constantemente; Ilwen Liwen, madre de Alen, quien se ocupa de cazar y recolectar para abastecer a la familia; y su padre Ligkoyam, quien también hace labores de recolección pero se ocupa principalmente de cuidar a Alen cuando la madre tiene que salir a buscar el sustento para su hogar.
La obra está situada en el año 1300 a. C. y fue grabada en distintas locaciones del Ngulu Mapu, tales como el lago Budi en Puerto Saavedra o la isla Maiquillahue en Mehuín. Además, durante el año 2021, desarrollaron una serie de mini cápsulas educativas con los mismos personajes, que fueron transmitidas en el canal chileno de televisión abierta La Red.
El trabajo de investigación para conseguir el retrato fiel de la zona Lafkenche y la época en que transcurre la historia fue riguroso y cuidadoso: Jesús destaca en esta labor a sus compañeros Margarita Cuminao y Cristopher Millapán, actriz e instrumentista respectivamente quienes, en palabras del director, son quienes le dan soporte al trabajo en cuanto a plasmar parte de la cosmovisión originaria en la obra audiovisual.
Partieron visitando museos de la zona como el Museo de Cañete, y Jesús menciona la influencia de Leonel Lienlaf, poeta de origen mapuche. Sin embargo, no todo está escrito y buena parte del trabajo se basó en ir a buscar los relatos: “Es súper importante investigar, llegar a los territorios, pedir permiso, conversar con la gente adecuada, entrar con mucho respeto y estar atento y abierto. Entregarse al conocimiento, preguntar mucho, hablar menos, escuchar más”, sintetiza el director de “Amucha”.
En cuanto a las materialidades, se estudió qué tipo de fauna había en la zona para recrear la vestimenta de época. Por otro lado, muchos personajes y objetos se armaron en el lugar del rodaje, como por ejemplo la ruka que se construyó en escala para marionetas, la cual además fue forrada con plástico para resistir las lluvias; o las abuelas, encarnaciones humanas de Trempülkalwe, que se encontraban cubiertas de cochayuyo y algas.
Por otro lado, las marionetas se fabricaron con plástico termomoldeable para hacer que flotaran en el agua, y las conexiones y mecanismos se hicieron con espuma, pvc, alambres y tornillos. Esta etapa duró tres meses y estuvo comandada por Tomás O’Ryan, artista de marionetas y que hizo clases al equipo sobre la fabricación; las marionetas tienen el rostro rígido, boca de ventrílocuo y ojos que parpadean, por lo que hubo que explorar la caracterización desde otras áreas. “Uno completa el personaje con la voz, el foley, todo el sonido que se recrea de fondo, eso hace que el personaje tenga más vida, y la emocionalidad que el relato y los diálogos tienen”, explica el director.
Si bien el guión se escribió en español y se grabaron los diálogos en ambos idiomas, la versión final elegida por el colectivo fue la hablada en mapuzungun. Al respecto, Jesús cuenta que “Al traducirlo a mapuzungun, se evidenciaban que había conceptos que no existen, como por ejemplo el concepto de ‘magia’, o el uso del negativo. Tuvimos que modificar algunas cosas en el guión, y ahora también estamos explorando eso para los nuevos proyectos, el partir más desde el idioma y la cosmovisión”. El trabajo de guión estuvo a cargo de la dramaturga Mariela Córdova, y el realizador destaca la ternura lograda en los diálogos entre abuelo y nieta.
El caso de “Amucha” es muy particular, porque la voz de Alen fue hecha en mapuzungun y español por Helena, la hija de Jesús y Andrea, quien en ese entonces tenía la misma edad de la protagonista. La grabación fue dirigida por Andrea y llevada como un juego en el que Helena, de a poco, desarrollaba la emocionalidad de cada escena la cual ya tenía interiorizada cuando se grabó la versión en mapuzungun; con Helena, las sesiones de grabación eran máximo de 20 minutos por día.
En cuanto a la traducción general del guión, Jesús detalla que “Se trabajó con dos profesores, uno de lenguaje oral y otro de escritura. Primero el español se tradujo en texto, se grabaron los audios de cómo se debía pronunciar, y luego con ese audio íbamos trabajando pedazo por pedazo con la emocionalidad que ya habíamos conocido desde el español, la llevamos al mapuzungun, buscando pronunciar de manera correcta”.
En la misma línea, el sonido de las tomas fue usado como referencia cuando se hizo la grabación en estudio, ya que las actrices marionetistas hablaban las líneas de cada personaje; esta parte estuvo a cargo de Carlos Johnson, diseñador de sonido del estudio Lincura Records. Además de lo anterior, las marionetistas tuvieron que solucionar cómo animar los personajes sin aparecer en cámara, en lo que Jesús describe como un “yoga”, en el que las actrices tenían que esconderse, enterrarse en la arena o trabajar en posiciones incómodas; se usó hilo de pescar para sujetar los títeres, y se trabajó en chroma key y After Effects para eliminar cualquier herramienta o detalle técnico.
El corto también cuenta con escenas en stop motion e impresionantes tomas aéreas que se lograron con un drone, trabajo atribuido al director de fotografía Mateo Barrenengoa, quien se dedica a realizar obras medioambientales. Salta a la vista que las escenas más difíciles de filmar fueron las que ocurrían en el agua: aquellas en la orilla, en las que se desarmaron las marionetas producto del oleaje, y las tomas debajo del mar, para las que se contrataron pescadores locales y Jesús tuvo que sumergirse en un traje de buzo con el personaje de Ligkoyam. Esas escenas se trabajaron con cámaras lentas, a fin de estabilizar las imágenes, y también se trasladó la locación al lago Caburgua para algunas tomas, ya que el lago es de aguas más tranquilas y limpias.
Si bien el cortometraje ha circulado por varios festivales, el Colectivo Epewma se ha centrado en realizar exhibiciones gratuitas, las cuales partieron en las comunidades que habitan las locaciones del rodaje y, en 2019, consiguieron mostrar “Amucha” de Arica a Punta Arenas. Luego, durante el periodo de pandemia, se volcaron a difundir el corto a través de redes sociales, como parte del compromiso del Colectivo de abarcar todo el territorio con su obra.
Actualmente, el Colectivo Epewma está produciendo un cortometraje llamado “Kuyen Mongelei” o “La vida de la luna”, cuya protagonista es una abuela que rememora su vida y sus conflictos internos: el llamado a través de los sueños y la existencia como mujer mapuche; esta producción está siendo dirigida por Jesús y Andrea. En paralelo, se está trabajando en un proyecto de serie para televisión titulado “El último viaje de Ligkoyam”, que se sitúa un año antes de los acontecimientos de “Amucha”, y en el que se planea mostrar más locaciones a lo largo del Ngulu Mapu, varias de ellas con alta intervención humana, a fin de continuar con el objetivo de poner sobre la mesa el valor del territorio y la cosmovisión mapuche. SM
