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David Bisbano (Argentina) y Lisette Freire (Perú) se refieren a sus dos cortometrajes consecutivos: “El tambor y la sombra” (2016) y “La Chimai y la tormenta” (2020), en los que ejercieron como director y diseñadora de personajes respectivamente, y cuyo argumento se desprende de un imaginario de historias y personajes épicos inspirados en toda Latinoamérica que han estado desarrollando. Una propuesta versátil tanto en el guión como en la realización, que logró una armoniosa mezcla de técnicas de animación.

Ambos cortometrajes estarán en exhibición a través de la plataforma chilena Ondamedia, integrando el ciclo titulado “Mitos y leyendas de Latinoamérica” que estará disponible para el público durante todo el mes de abril.

El origen del Mito

El escenario donde transcurre la historia se desarrolla en un lugar montañoso, con muchos árboles y vegetación: podría ser el bosque a los pies de un volcán o una cordillera, de esa que abunda en Sudamérica y que atraviesa varias fronteras físicas. La cámara sigue la caminata de una anciana: es misteriosa, emite pocos ruidos y ninguna palabra, y se presenta como una persona altamente perceptiva en los primeros segundos de “El tambor y la sombra” (2016). 

La Chimai, sin embargo, es sumamente expresiva con el rostro y las manos, un rasgo distintivo de las producciones realizadas por Golem Studio y Vista Sur Films, dirigidas por David Bisbano, y que se aprecia en un nivel superior en la secuela “La Chimai y la tormenta” (2020). Ambas producciones se desprenden de una trama más compleja de imaginario latinoamericano denominada “El Mito”, y la Chimai fue el personaje elegido para realizar pruebas sobre esta propuesta; el diseño de los personajes fue realizado por Lisette Freire, integrante de Golem Studio.

Lisette declara que su interés principal en animación era especializarse en 2D, la técnica que más le fascina desde su infancia: recuerda cortometrajes japoneses en stop-motion que relataban leyendas. En aquel momento, no había escuelas especializadas en la técnica en Lima, por lo que inició su formación en 3D que, según cuenta Lisette, consistía principalmente en aprender uso de software. Si bien no terminó la carrera, esta experiencia fue clave para comenzar a armar su portafolio de modelados, el cual le permitió ser vista y convocada a trabajar en proyectos de animación.

Por otro lado, David siempre supo que quería hacer películas, y cita obras como Akira y Perfect Blue como referentes, además de la literatura de Liliana Bodoc. Estudió cine, y se declara aficionado a los géneros de terror y ciencia ficción, comenzó filmando cortos experimentales y tuvo un interés temprano en efectos especiales.

Considera que la aparición del 3D en su vida fue revolucionaria, en el sentido de que era una herramienta muy manejable desde el cargo de dirección: “El 2D es como el teatro, que se dice que es muy de los actores: una vez que están arriba del escenario, uno como director debe entregarse a lo que darán ellos, y en el cine el director tiene mucho más control. En mi experiencia el 2D implicaba eso: depender de alguien más.”

Inició con producciones para publicidad y luego largometrajes: como partió su formación filmando, vio la posibilidad de que no todos los elementos de su trabajo nacieran y se desarrollen en el monitor. A partir de ahí, comienza a probar las posibilidades de mezclar distintas técnicas animadas y audiovisuales.

Ambos realizadores han trabajado juntos en varios cortos y películas, por lo que han ido delimitando sus intereses de forma colaborativa, lo que desemboca en dos distintivos cortometrajes protagonizados por una misteriosa curandera, inspirada en una figura transversal de la tradición indígena y latinoamericana.

El místico personaje de la Chimai es, en realidad, uno de los tantos personajes de un proyecto de trilogía de películas de terror que David Bisbano ha estado desarrollando: una épica estilo “El Señor de los Anillos” titulada “El Mito”. La Chimai es presentada en el primer cortometraje “El tambor y la sombra”, y muestra un poco más de sus misteriosas habilidades en “La Chimai y la tormenta”. Ambos dirigidos por Bisbano y realizados al alero de Golem Studio, resultaron ser un excelente acercamiento al rico universo latinoamericano que el director está desarrollando.

Mosaico de técnicas animadas

Para las primeras pruebas de la trilogía del Mito, eligieron a la Chimai para testear animación sobre maquetas; ante eso, nace el interés por relatar cuál es el origen de la Chimai y cómo es que se convierte en el personaje que es. “Empezamos a crear una mitología de este personaje, que es la protectora de la región, nos preguntamos por qué no sale y qué hace en el día. El primer corto quedó de muy pocas tomas, empezamos a ver qué escenas podríamos agregar hasta terminarlo”, relata David sobre el origen del guión de la Chimai.

Un antecedente importante para la realización de ambos cortometrajes, fue la experiencia que tuvieron en la producción de la película “Rodencia y el diente de la princesa” (2012), cuya visual está hecha completa en 3D y que significó un desafío de tiempo y de esfuerzo en hacer cada escenario, además de las limitaciones de expertiz y presupuesto; otra señal que desembocó en la mezcla de técnicas como una respuesta.

A nivel técnico esto es visible en ambos cortometrajes: se tomó la decisión de utilizar la animación 3D exclusivamente en los personajes, a fin de no sobrecargar el equipo disponible y explorar las posibilidades de usar 2D y stop-motion para construir los escenarios. El resultado es un collage fluido y fascinante de mirar, que realza el carácter místico de la Chimai y es muy ilustrativo del ambiente en el que vive.

En ese sentido, Lisette recuerda que todas las dificultades que tuvieron en “Rodencia” fueron aplicadas en el primer corto “El tambor y la sombra”: “Empezamos el corto con la pregunta ‘¿Qué nos sale bien?’ David sabía que le salía bien filmar, nosotros sabíamos que nos resulta animar personajes; era limitado porque somos animadores, no hacíamos texturas ni riggs y esas cosas se aprendieron en beneficio del corto. Era una prueba de hasta dónde llegábamos.”

Making off de «El Tambor y la Sombra» y “La Chimai y la Tormenta” 

Un relato intrépido y colectivo

“‘Rodencia’ era un proyecto que me dieron para adaptar, pasaba todo en castillos de Europa, Edam era un ratón en Francia. Lo primero que le dije al productor era que si quería que yo hiciera esa película, tenía que pasar acá en América.” Cuenta David. Ese universo de aventuras épicas se abrió sobre el interés general de las aventuras míticas que se relatan en la región latinoamericana desde antaño.

En cuanto a la inspiración que nutrió la historia de la Chimai, ambos realizadores destacan el rol que tuvo el diálogo sobre el guión con el equipo de producción, que está compuesto por personas de distintos países de Latinoamérica y que implicó una fuente de retroalimentación para construir el contexto de la historia.

Al respecto, David explica que la idea siempre fue contar Latinoamérica, no contar un pueblo o un país: “Se trataba de preguntarle a todos y hablar de qué se imaginan que esta señora hace, en comparación a nuestras brujas, curanderas, chamanes. Mi gran sorpresa es que todo el mundo tiene mucho conocimiento de la cultura latinoamericana, nos parecemos mucho: yo no le he mostrado nada a la gente de Colombia que le haya sorprendido, por ejemplo, sino que muestran algo parecido o la versión de la historia que ellos tienen, y todo eso lo vamos tomando y mezclando.”

La aparición del Golem del bosque, basado en el personaje de Golem Studio obedece a la misma lógica: “La Chimai va a conocer a un espíritu del bosque, que le teme al agua porque su cuerpo es de barro y podría deshacerse, así crea su propia lógica dentro del corto. Fue algo que queríamos hacer así que creamos un Golem de tierra naranja.” Explica David, enfatizando en ese afán personal y colectivo que tanto él como el resto del equipo comparten en estas producciones.

Tanto Lisette como David coinciden en que su objetivo era que la producción fuera amena y divertida, y por sobre todo que fuera realizable. En cuanto a ese punto, destacan varias decisiones que les fueron muy útiles en el proceso, partiendo por conocer las habilidades propias, la idea a concretar y especialmente que el artista tenga claro qué no sabe hacer, a fin de invertir el tiempo adecuado en cada tarea.

Al respecto, Lisette enfatiza en la necesidad de aprender a resolver tomas: generar storyboards detallados, hacer pequeñas pruebas con lo que haya a la mano y buscar posibilidades realistas en relación a las condiciones de producción. “De repente las personas están más empeñadas en hacer que su idea original resulte a como dé lugar, que de efectivamente ejecutarlo como salga. A veces nos concentramos tanto en la parte que nos gusta que olvidamos las demás fases del trabajo”, reflexiona la animadora.

El director y la animadora están de acuerdo en que muchas veces estos contratiempos surgen del miedo a la crítica y la exigencia que muchos referentes más industrializados pueden poner sobre los nuevos creadores. A modo de conclusión, David hace una invitación clara: “Ese proyecto que tienen háganlo, terminenlo, muestrenlo, y el segundo va a quedar mejor, el tercero mejor y así. Siempre hay otro corto que hacer, siempre se puede mejorar. Lo que te consigue apoyo y financiamiento es tener equipo y hacer las cosas, mostrar lo que hiciste y dar todo con lo que tengas ahora, hay tiempo para mejorar.” SM