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Manuel Ortiz Hunger (México) desentraña la inspiración detrás de su primer cortometraje: “Jager”, una obra de animación digital que, a través de la trama de cazar y ser presa, juega con una propuesta sensorial y una narrativa que busca escapar de las conclusiones e interpretaciones lineales.

Este cortometraje estará en exhibición a través de la plataforma chilena Ondamedia, integrando el ciclo titulado “Naturaleza”, que estará disponible para el público durante todo el mes de junio.

Bajo la luz del ocaso, un cazador hace lo suyo con un conejo recién capturado en medio de un valle. Un ruido lo interrumpe: un lobo blanco está mirándolo, pero al ser advertido por el cazador y sentir su impulso de asesinar, trata de huir y es alcanzado por una flecha. Sin embargo, el protagonista se da cuenta de que su presa está tratando de sobrevivir y se ha refugiado en un bosque, dejando un reguero de sangre a su paso. El cazador mira la puesta de sol y la ignora: decidido a rematar a su presa y contra todo instinto básico de supervivencia, toma la decisión de internarse en el bosque.

Con este argumento, se presenta el cortometraje “Jager” (2017): obra de egreso y debut como director del animador Manuel Ortiz Hunger, el cual ha estado en selecciones oficiales de festivales de Latinoamérica, destacando su presencia en el Festival Internacional de Cine de Morelia, además de ganar el premio a Mejor Animación en los SAE Alumni Awards, un certamen que reúne a los estudiantes de los 54 campus de SAE Institute alrededor del mundo.

Manuel tuvo su acercamiento a la animación en sus años escolares. A los 18 años se retiró de la Escuela Superior de Biología para tomar cursos de dibujo, pintura y artes plásticas en general. Si bien estaba haciendo algo que le gustaba mucho, por otro lado no podía evitar sentirse un poco encerrado, en el sentido de que estaba sujeto a los preceptos del arte tradicional. Un ambiente al que, desde su perspectiva personal y para sus objetivos como artista, le costaba encontrarle una trascendencia. 

Eventualmente, recibió formación más específica en animación y de paso, entró al mundo de los festivales de cine. En este círculo de festivales, Manuel ganó una beca completa para estudiar en SAE Institute de México, en un momento en que las pocas escuelas que daban la carrera de animación en el país eran privadas, por lo que no cualquiera podía permitirse ingresar a estudiar. 

Su interés narrativo y artístico estuvo siempre en la escena underground, por sobre la oferta disponible en carteleras de cine, palpable en sus ideas de narrativas y visualidades más experimentales. En función de esta base inspiracional, antes de generar la trama, “Jager” nació como un conjunto de experiencias visuales que Manuel quería amalgamar en una animación, porque se dio cuenta de que el formato de narrativa lineal se quedaba corto para lo que él quería transmitir.

Una fuente principal de inspiración para esta idea fue “La hora del lobo”, una película de Ingmar Bergman, cuyo argumento indica una hora de la madrugada en la que ocurren la mayor cantidad de muertes. Además, Manuel cita un documental de Akira Kurosawa sobre realización audiovisual, en el que plantea que no sólo es importante considerar reglas de composición visual, sino que es necesario considerar el tiempo como una variable, bajo el principio de que la imagen va cambiando a medida que pasa el tiempo. Este documental hizo que Manuel rehiciera el storyboard de “Jager”.

Por otro lado, la experiencia personal del director de recorrer Centroamérica como mochilero sirvió para ilustrar, en primera persona, toda esta experiencia de tener que huir de la oscuridad, ganarle a la noche para conseguir estar a salvo del peligro.

En la idea original, Manuel no quería ser tan figurativo en la representación visual, un concepto al que tuvo que renunciar en pos de facilidades técnicas, dejando intacto el ambiente de caos. En este proceso, el director estuvo haciendo experimentos visuales con técnicas como el collage, además de hacer recorridos en bosques para recoger material visual y de audio, con el fin de dar con una propuesta que transmitiera aquellas sensaciones que Manuel describe, y que quería plasmar en el ambiente donde transcurre la historia del cazador.

En las primeras etapas del guión, Manuel tomó como inspiración a varias tribus que habitaban Asia y que transitaron por el estrecho de Bering. También partió por un precepto común en la tradición de muchos pueblos: bajo ningún motivo se puede entrar a un bosque de noche. Asimismo, la acción de quitarse la piel es una referencia a una deidad prehispánica, y cuya acción simboliza su regeneración continua a través de los ciclos de la vida. Todo lo anterior, en una búsqueda por salir del imaginario fantástico más europeo o estadounidense que ha monopolizado las historias de ficción; no obstante, Manuel también quería evitar que en su corto se reconocieran referencias textuales a ciertas culturas.

“En ese sentido, los lugares son más que locaciones físicas, son espacios conceptuales: al principio el cazador aparece en el valle, un lugar soleado que es como su territorio. Los lugares son personajes en sí mismos: el bosque, junto con sus árboles y sus animales se vuelve un solo ente que vendría siendo como un antagonista, pero no es que se trate de ‘el bueno y el malo’, sino de que un cazador quiso retar a la oscuridad y con qué se encontró a raíz de esa decisión”, explica el director sobre la caracterización de los conceptos que quería comunicar.

Al mirar hacia atrás, Manuel reconoce que hay varios aspectos del corto que hubiera hecho de forma diferente; no obstante, se siente orgulloso del experimento que hizo con las tomas, que resultó en unos distintivos movimientos de cámara, que constituyen un apoyo narrativo a la perspectiva que se quiere mostrar en la historia. Estos movimientos de cámara fueron desarrollados en 3D, según explica Manuel: “La situación del 3D me funciona, no tanto como para el resultado visual, sino más bien como un apoyo para la creación del storyboard. Por mis orígenes plásticos, sigo teniendo una predilección por las técnicas manuales, más que las digitales”.

Salvo estas escenas, el cortometraje es 2D animado en Toon Boom Harmony, con uso de Photoshop para realzar las líneas de dibujo con brochas, las que tenían texturas desarrolladas por Manuel. Los fondos son una mezcla entre 2D y 3D, la cual el director considera que no fue tan difícil de lograr y que tuvo un resultado satisfactorio: en sus palabras, Manuel explica que el ejercicio le dio una nueva perspectiva sobre el movimiento y el espacio.

Algunos renders se hicieron en Maya, cuyo resultado cree Manuel podría ser perfectible: si bien cumplieron su función principal, fueron complicados por la cantidad de detalles y significaron cierto estancamiento en la resolución de problemas; en relación a lo anterior, es importante mencionar que “Jager” tomó aproximadamente un año y medio en concretarse, un periodo extendido según su autor, debido a la falta de experiencia y por tratarse de un corto realizado durante su formación universitaria.

El sonido del cortometraje fue hecho por Salvador Solís, un compañero de Manuel que estudiaba la carrera de sonido y con quien se encontró en SAE Institute. Se aventuraron al bosque en varias ocasiones para grabar ruido ambiente, buscando sonidos de vegetación y de animales salvajes como perros; incluso tuvieron la suerte de encontrarse con una persona que practicaba tiro al arco, por lo que pudieron grabar los sonidos del arco y las flechas, y Manuel pudo aprender en primera persona el manejo de estos implementos, para luego plasmar esta experiencia en la animación del cazador.

Para la caracterización del protagonista Manuel prescindió del diálogo, pero Salvador le recomendó buscar a una persona que pudiera hacer expresiones como gruñidos y sonidos guturales; si bien buscó gente en una suerte de casting, encontró de casualidad a la persona con la voz ideal en una reunión con amigos y conocidos. La creación sonora tomó dos meses, y Manuel lo describe como una experiencia apartada de la animación, ya que significó reinterpretar el cortometraje a través de este formato, y fue una oportunidad para comprender la importancia del sonido que, si bien tardó un tiempo, pudo apreciar el trabajo hecho cuando vio y escuchó “Jager” en una sala de cine.

Además, Salvador compuso el tema musical que se encuentra al cierre de la historia, el cual fue interpretado por Mike Brie. Era una pieza que tenía de antes, y que fue obsequiada a Manuel por coincidir con el temple que él buscaba: algo más minimalista y contemplativo para el amanecer después del caos: “Quería cerrar el cortometraje de forma cíclica, como una especie de agradecimiento. En ese sentido, quise terminar con una música que regresara a un estado de relajación, más tranquilo, no dejar al público sólo con el terror y la tensión de la historia”, profundiza el director.

En la actualidad, Manuel se encuentra trabajando en un cortometraje, un formato que le interesa seguir explorando; también tiene un interés específico en el micrometraje: una cápsula de no más de un minuto, en palabras del director, puede producir una experiencia mucho más perdurable en el tiempo que una película larga. Los proyectos que Manuel está desarrollando en la actualidad los describe más bien como una expresión más que una narración gráfica, muy en la línea de la experimentación visual y la ruptura de la linealidad que el director busca plasmar en sus obras. SM