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Dos jóvenes en una parada de buses en Costa Rica, hablan de metas sin lograr y recuerdos del pasado. Se hace de noche. Las luces se van, el bus también, pero un cuaderno con una lista de cosas por hacer se queda: una confesión de amor que la publicidad del paradero estuvo anticipando constantemente. Eso y mucho más es “Afterglow” de Ariana Bolaños, directora que nos cuenta cómo fue animar el cortometraje. 

Este trabajo estará disponible para el público durante todo el mes de septiembre, a través de la plataforma chilena Ondamedia, integrando el ciclo Monoclub titulado “Mujeres”.

Afterglow”, en inglés resplandor, es una historia basada en el hermano, y en un amigo del colegio de Ariana, ambos muertos producto del cáncer: “Es toda la vida normal, hasta que uno se da cuenta que no lo está”. Para ella, aunque doloroso, fueron procesos que le hicieron entender la importancia de luchar por los sueños, y de nunca quedarse con las ganas de decirle algo a alguien importante.

Ese proceso, se da a conocer en “Afterglow”. El corto cuenta la historia de dos jóvenes, Manuel Alegría y Liliana Odios que en un momento fueron muy cercanos, pero que con el tiempo se distanciaron. “Hay una crítica a la chica principal, que es súper pesimista y no quiso seguir su sueño de escritora”, algo que según Ariana, suele ocurrir en las carreras artísticas; mientras que el chico principal: “Decide no desperdiciarse y cumplir sus sueños”, siendo uno de ellos, encontrarla para confesarle su amor.

Y aunque puede ser sorpresivo, la confesión de amor, la persecución de los sueños y la enfermedad del personaje principal, fueron premonitorios en cada uno de los carteles y anuncios que vemos: “Parece que los papelitos están ahí pegados porque sí”, pero la directora tenía una idea muy clara: “Quería que se notara que había una persona detrás, que tuvieran faltas de ortografía y no fuesen perfectos”. También, Ariana quería que el mensaje de la historia se reforzara a través de pequeñas señales inconexas en carteles: “Había uno rarísimo como de descubre tu amor por el pollo y puras cosas así, como el guiño a Orgullo y Prejuicio”.

Con ese juego que mezcla un poco de absurdo, determinación y  romance, es que Ariana recalca la idea: “Es toda la vida normal, hasta que uno se da cuenta que no lo está”. Y cuando nos damos cuenta de que no lo está, vemos las señales. Nos damos cuenta de los anuncios, de lo misterioso del personaje, de la luz que cada vez se apaga más,  de los colores que se opacan y se vuelven más grises y menos rosa.

Así como el color es clave para contar la historia, también lo es la música, la que está basada en una canción del grupo Nine Lashes, llamada igual que el cortometraje: “La letra es sobre perder a alguien y la sensación de duelo”. Desde que Ariana escuchó la canción, supo que quería hacer algo con ella, no fue hasta que llegó al proceso de musicalización de “Afterglow”, que se le ocurrió que podía fusionar lo que llevaba, con la idea de hacer algo con la canción. Se contactó con la banda, le dijeron que sí. Habló con Joel Perino: “Muchacho que hacía covers en Youtube, me dijo que sí también. Calzó todo”.

Uno de los aspectos que más se demoró en calzar fue el doblaje: “Fue toda una odisea encontrar las voces correctas para los dos personajes del cortometraje”, cuenta Ariana. Hubo un casting extenso, en el que se buscaron voluntarios, ninguno pudo y finalmente la directora dobló a Liliana y Lucas Peinador, un amigo y animador, al personaje de Manuel: “Alguien entusiasta que todo el mundo conocía en la universidad”. Y aunque en un principio se evitó que el acento fuera notoriamente de Costa Rica, finalmente resultó ser uno más de los elementos que reflejan la cotidianidad que la directora procuró que estuviera presente en su corto.

“Estamos en un mundo tan globalizado”, comenta la directora, sobre el contraste entre los comerciales ajenos en un espacio muy propio de Costa Rica, y Latinoamérica: “Siempre está ese Sueño Americano, en el que nos queremos ir y no vemos lo que tenemos acá”. Por lo mismo, en este cortometraje buscó reivindicar el día a día: “En la universidad me enamoré de lo cotidiano, de las cositas que pasan acá, de las filas en el bus y las historias locales”

En un año y medio, Ariana Bolaños pudo animar la historia de los personajes y cómo en una aparente normalidad desistían o cumplían sus sueños. Para la directora, lo que pudo hacer con animación 3D en “Afterglow”, es algo que en otro tipo de formato no hubiese resultado igual. “Me pude introducir en el cuerpo del personaje. Les di vida, decidí su personalidad”, junto a ello justifica la elección de la técnica por motivos más prácticos: “No tenía que repintar y hacer cada escena o toma”, y estéticos, diciendo que el 3D que imita de alguna manera al 2D era la mejor manera de usar las referencias, previamente grabadas, con un estilo único que pareciera ilustración.

Y era necesario que pareciera ilustración, ya que el personaje principal, aspira a ser escritora luego de mucho tiempo de haber suprimido esa meta: “Quise que fuera un cuento que ella narra. Como si fueran personajes de cuento”, comenta sobre la posición de la mujer principal en la historia.

Para Ariana Bolaños, el sentimiento de ser mujer haciendo “Afterglow”,empezó a llegar cuando obtuvo reconocimiento: “Yo graduándome volví a sentir ese empoderamiento de que las mujeres no tienen porqué estar excluidas de ninguna parte en la animación. Recuerda cómo, cuando ella era estudiante, los grupos de trabajo se dividían entre hombres y mujeres: “Se asumía que las mujeres eran aparte de los hombres y trabajaban solas”, añade: “No tiene porqué ser así”.

Hoy Ariana es profesora de la Universidad Veritas en Costa Rica, misma universidad que la acompañó en el proceso de realización de “Afterglow”, y en la que puede ver cómo nombres de mujeres aparecen en los rankings más altos de notas: “Me gusta pensar que el reconocimiento de mi cortometraje, y el de otras compañeras, ayudó a las mujeres a que agarren más tracción en este mundo”, termina diciendo con una sonrisa. SM